Aseguraba el político británico Neville Chamberlain en los albores del S. XX que, en las guerras, “no hay ganadores, todos son perdedores”. Sin embargo, a veces hasta los políticos más reputados también se equivocan.
En el actual conflicto que enfrenta a EEUU, Israel e Irán ha surgido un ganador inesperado. Si bien ya lo era antes de la guerra, gracias a esta su dominio se ha vuelto más incontestable si cabe: China y sus coches eléctricos.
El encarecimiento del petróleo tras la escalada de un conflicto en Oriente Medio que no muestra señales de terminar ha sacudido el equilibrio energético del planeta. El precio del barril ya ha superado los 100 dólares en abril. La preocupación por el precio del combustible y su impacto directo en la economía doméstica, tal y como era de esperar, no cesa.
Este escenario parece estar influyendo directamente en el comportamiento del consumidor. Y es que, ante la perspectiva de repostar cada vez más caro y sin una bajada que se vislumbre a corto plazo, muchos conductores han decidido dar el salto hacia alternativas más estables, como es el vehículo eléctrico.
Y es precisamente en este terreno donde el gigante asiático ha consolidado una posición dominante. China tiene una capacidad industrial y tecnológica que es la envidia de cualquier país.
Además, los datos hablan por sí solos. Las exportaciones de vehículos eléctricos e híbridos del país se han disparado hasta cifras récord.
Marzo marcó un punto de inflexión en las exportaciones
Los datos publicados por la Asociación China de Turismos y recogidas por Bloomberg, no dejan ningún atisbo de duda. El pasado mes de marzo, los envíos internacionales de vehículos eléctricos e híbridos alcanzaron las 349.000 unidades. Esto es un 140% más respecto al mismo mes del año anterior.
Todo un récord mensual que confirma una aceleración que ya venía gestándose en los últimos trimestres. Y con algunos nombres propios a tener en cuenta. BYD ha concentrado cerca de un tercio de las exportaciones. Le siguen Geely y Chery.
El dominio de los fabricantes chinos en el comercio internacional de vehículos electrificados es incontestable.
Con el petróleo caro, la demanda global de eléctricos se dispara
El repunte del precio del crudo ha tenido un efecto inmediato en las decisiones de muchos compradores de Asia, Europa y Norteamérica.
En mercados como el de Reino Unido, los datos de plataformas como Autotrader muestran un aumento significativo del interés por este tipo de vehículos desde finales de febrero. Las ventas de vehículos eléctricos han subido un 28% en menos de un mes.
Una tendencia que también se ha replicado en Australia, donde los tiempos de entrega de los modelos eléctricos se han aplazado varios meses debido al incremento de la demanda, según informa la Australian Financial Review.
Pero ojo, China ya era fuerte antes
Sin embargo, una cosa hay que tener clara: China ya era un líder nato en el sector antes de la guerra en Oriente Medio.
El país fabrica cerca de siete de cada diez coches eléctricos del mundo, con más de 12,4 millones de unidades producidas en 2025.
Este liderazgo no solo es en términos de producción. También controla alrededor del 90% del refinado de tierras raras y el 75% del procesado de minerales críticos, esenciales para las baterías de este tipo de vehículos.
Frente a estos datos, Europa tiene poco que hacer. Apenas representa el 7% de la producción global de baterías, lo que ha llevado a la Comisión Europea a movilizar inversiones por valor de 1.800 millones de euros para reforzar su industria.
En paralelo, gigantes como CATL o la empresa anteriormente mencionada BYD, concentran una cuota conjunta del 55,7% del mercado mundial. E impulsando, a su vez, avances tecnológicos como baterías de nueva generación capaces de superar los 750 kilómetros de autonomía y alcanzar ciclos de vida cercanos al millón de kilómetros.
La paradoja del mercado interno chino
Mientras el impulso exterior gana fuerza, el mercado doméstico muestra señales de debilidad. Las ventas totales de vehículos eléctricos e híbridos en la propia China descendieron un 14% en marzo, hasta las 848.000 unidades, encadenando tres meses consecutivos de caídas.
De momento no hay una gran alarma en el sector, que apunta a varios factores. Por un lado, la reducción de ayudas públicas a la compra ha frenado la demanda.
Y por otro lado, el aumento del coste de vida y la menor capacidad adquisitiva han afectado a los consumidores. China alcanzó su objetivo de crecimiento del PIB en 2025, pero no llega a superar la crisis de consumo interno que adolece desde hace un tiempo.
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