Johnson se la juega con su inconcebible estrategia contra el Coronavirus, pero ése no va a ser su único ni más grave problema

Finalmente el Coronavirus está trayendo a nuestras socioeconomías un caos de proporciones bíblicas, y los que todavía no lo sufran deberían darse un paseo por las urgencias de ciertos hospitales de Madrid o Barcelona que están casi en situación de colapso, y donde la gente está literalmente muriendo por falta de asistencia, o darse un paseo por ciertos supermercados en los que conseguir simple papel higiénico es toda una proeza que te alegra el día (y te devuelve las ganas de ir alegremente al baño).

Pero lejos de ser un consuelo, por muy nefastas que estén siendo estas calamidades que nos está trayendo este maldito virus infecto a España, hay países que muy probablemente lo pueden pasar mucho peor, y no sólo porque haya varias generaciones a las que a sus políticos no les importa exponer a un riesgo de muerte mucho más alto que en otros países que están tomando medidas drásticas, sino porque además se les juntan los problemas de suministro del suicidio socioeconómico del Brexit a los problemas también de suministro que les va a traer (y les está trayendo ya) el funesto COVID-19. Sí, hablamos del Reino Unido, o más bien de los “visionarios” dirigentes que les dirigen actualmente como si de una maldición (democrática) se tratase.

”Tal y como”, “tal y como”, “tal y como” alertábamos… unos “tal y como” que lamentablemente nuestros dirigentes no han escuchado, y parecen estar tapándose los oídos

Tal y como les advertimos que muy probablemente ocurriría con un virus del que ignorábamos mucho más de lo que sabíamos, y a cuyas cifras de origen chino bajo cuya férrea censura no se podía dar toda la credibilidad en cuanto a ratios de contagio y de defunción. Tal y como les dijimos que pensábamos que el problema de la mortalidad en China había sido más bien el colapso del sistema sanitario que la mortalidad real del virus. Tal y como les advertimos que el impacto era también extremo en lo económico y sobre el crecimiento del PIB, con el riesgo cierto de ver cadenas de suministro y producción y grandes comerciantes amenazados por dejar de poder suplir de productos al mercado. Tal y como les advertimos de que el peor virus social del pánico iba a causar también estragos, y les llamábamos a que comprasen con responsabilidad.

“Tal y como” todo eso, al final el virus lo tenemos ya, no cuan “Enemigo a las puertas”, sino cuan “Enemigo en casa”. Pero sin embargo nuestros políticos, lejos de haber escuchado a analistas como nosotros, se dedican a defraudarnos y tomar medidas económicas “con mera calderilla” que no sirven (casi) de nada para la que se nos viene encima. Lejos de paliar la tremenda crisis que muy probablemente se nos está viniendo encima por momentos, lo que producen esas exiguas medidas ya no es que defrauden: producen una auténtica depresión, y eso si entrar en el debate de si incluso las urgentes medidas sanitarias las tomaron inexplicablemente demasiado tarde (en los medios más reputados del planeta como el New York Times lo tienen meridianamente claro).

Los graves e inconcebibles errores han sido de todo tipo, no sólo económicos y de una prevención sanitaria que, de haberse tomado a tiempo, habría evitado la explosión inasumible de contagios, sino que la retahíla de errores son de toda índole, como por ejemplo errores políticos al desatarse la confrontación y las luchas de poder internas, en vez de tener un ejecutivo sólida e incondicionalmente unido frente a la situación de emergencia nacional, o como por ejemplo errores geoestratégicos y de seguridad nacional al cerrar la unidad del ejército que era capaz de levantar rápidamente super-hospitales de campaña. Por si todo esto no fuera poco, tras el alarde de capacidad de cometer errores garrafales de nuestros dirigentes nacionales, ahora van y vienen los dirigentes autonómicos nacionalistas a superar los irresponsables récords anteriores, en una situación límite en la que, de nuevo, debería primar la unidad nacional incondicional frente a los intereses políticos particulares o locales. Lo que ya es realmente execrable es que incluso algunos dirigentes "indepes" catalanes se hayan mofado en Twitter de las víctimas mortales de Madrid, lo cual ha desatado lógicamente la ira en las redes, y ha demostrado una vez más la deplorable catadura ética y lo extremadamente despiadado de esta gente.

Si esto sigue así, en dos días podemos ver surgir un mercado negro de algún producto básico concreto… Tan negro como la ética de algunos…

La pandemia ha sembrado el caos internacional y nacional a todos los niveles, devolviéndonos socioeconómicamente de forma abrupta a una situación en la que lo más importante es simplemente tratar de cubrir nuestras necesidades más básicas. Esto ha sido una violenta vuelta a la primaria base de la pirámide de Maslow, por la que para muchos españoles ya no importa apenas ni la propaganda, ni la corrupción, ni el desempeño de nuestros políticos, ni nuestra carrera profesional, ni tan siquiera para muchos importan ahora las decisiones políticas de calado: lo que más les importa ahora mismo a muchos españoles es cómo procurarse papel higiénico, o suficiente leche para asegurarse unos días más de alimentación y de calidad de vida en casa, a pesar de que el riesgo de desabastecimiento real sigue siendo bajo si no fuese por el virus del pánico social desatado. ¡Cómo cambian los tiempos! Pero lo cierto es que la situación es la que es, y las necesidades humanas son las que son. Una vez agotadas las servilletas, el rollo de papel de cocina, y los kleenex, y ante la imposibilidad de conseguir un mísero rollo de papel higiénico en el súper, que por otro lado otros acaparan en casa por decenas, lo cierto es que aquí a nadie le agrada tener que recurrir al bidé cada vez que acude al baño.

El hecho es que, económicamente, tenemos por una parte a un grueso de la población con alguna necesidad básica que no tiene cubierta, y por otro lado a unos pocos que tienen cubiertas de estas necesidades bastante más de lo que en realidad necesitan. Y encima hay cierta dosis de miedo y pánico irracional de por medio, lo cual es un caldo de cultivo todavía peor. El tema está claro: como las cosas sigan así, y pueden ir a (mucho) peor si la situación de los epicentros de la pandemia como Madrid se extiende por toda España, no hay que descartar que pueda acabar surgiendo un censurable mercado negro, por el que aquel individuo indescriptible que compró rollos de papel higiénico para seis meses y tiene bastante más de lo que necesita, y que además los compró a unos pocos céntimos, puede estar dispuesto a venderlos sueltos por varios euros cada uno, con un especulativo margen de beneficios que resulta bochornoso y vergonzoso. Pero no duden de que las naturalezas vergonzosas no sólo están presentes entre nuestros políticos, sino que están entre nosotros mismos, así que no descarten que pueda incluso surgir el estraperlo: donde hay una necesidad y alguien está dispuesto a pagar un precio muy superior al de un mercado oficial que mayormente ya no existe, al final el beneficio especulativo puede acabar materializándose con una transacción en la penumbra. Eso si no está ocurriendo ya en casos puntuales, que estas cosas sólo se hacen de dominio público cuando es tan generalizado que ya todo el mundo lo sabe.

Desde luego, si alguien se hubiese propuesto destruir nuestro mundo y nuestro sistema, no podría haber dado con un arma de destrucción masiva más efectiva que la de este terrible virus que, además de sesgar vidas y sembrar el pánico más visceral, arruina también nuestras empresas y destruye nuestro tejido socioeconómico, nuestras reglas de mercado, y nuestro bienestar. Habrá que mirar de reojo a quién salga beneficiado o indemne de todo esto, porque si a alguien no le esta afectando puede ser porque estaba ya preparado para la que iba a venir. Y no sólo estamos viendo cómo nuestros sistemas se están literalmente viniendo abajo por momentos, además vemos cómo esta pandemia nos está destruyendo también como personas, descubriendo a seres egoístas y oportunistas al extremo, que acaparan esos rollos de papel higiénico en detrimento de otros, o acuden a urgencias por una simple tos, ocupando esenciales recursos sanitarios y médicos cuya extrema escasez está haciendo que otros mueran sin asistencia por ser casos realmente graves.

COVID-19, ese virus que se ceba con los más mayores… y hay países en los que muy probablemente lo tendrán mucho peor que en España

A estas alturas de la pandemia, todos sabemos ya que el COVID-19 afecta con especial gravedad e intensidad a los más mayores. Y aunque a un servidor nunca le consuela con aquel inútil “hay otros peor que yo”, lo cierto es que aquí nos toca analizar la actualidad y los despropósitos socioeconómicos propios y ajenos. Como parte de ello, debemos mirar a ese Reino Unido en el que los problemas descritos hasta ahora pueden verse multiplicados, y en el que de hecho las cifras de a pandemia empiezan a repuntar con fuerza. Allí, Boris Johnson ha sorprendido a propios y extraños con una decisión que ha sembrado el desconcierto y ha hecho caer en picado la confianza de la población en su gestión de la pandemia. Ya no es que la política de Johnson sobre el Coronavirus sea controvertida por la práctica ausencia de medidas de contención anunciadas en su primera intervención pública sobre la crisis, sino que ha levantado una auténtica polémica nacional de gran calibre en un país con un potente sector socioeconómico senior que se ve indolentemente expuesto.

Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió un comunicado calificando las medidas de Johnson de “incorrectas y peligrosas”. Como consecuencia de ello, ante la avalancha de críticas, Johnson tuvo que recular ligeramente, y con gesto ya apesadumbrado (ahora) se vio forzado a admitir la gravedad de una pandemia que irresponsablemente subestimó en su momento, y llegó a admitir ahora ya que más familias perderían a sus seres queridos antes de lo debido. Tras su ligera corrección, ahora ya se valora poder llegar a prohibir allí ciertos tipos de concentraciones masivas de personas (simplemente “se valora”), pero sigue defendiendo empecinadamente su nefasta gestión de la crisis pandémica, y sigue manteniendo su apuesta por unas medidas incompresible e infinitamente más laxas que las que están siendo desplegadas a toda prisa en el resto de Europa. En todo caso, Johnson llega inadmisiblemente tarde y con medidas que siguen siendo suicidamente tibias, incluso a la vista de los datos de infecciones a pie de calle y de las reacciones de los expertos, especialmente cuando ya está viendo la terrible situación de colapso asistencial y hospitalario creado por la pandemia en otros países europeos con un sistema sanitario totalmente equiparable al británico.

Ante las severas medidas que han tomado en cadena los diferentes países europeos, que siguieron a las que se tomaran en la propia China, inconcebiblemente el ejecutivo de Johnson parece estar de acuerdo con la estrategia de confiarse a dejar que el COVID-19 corra libremente por los torrentes sanguíneos de millones de británicos, y dejar que se inmunicen de forma natural… podría ser una estrategia más si no fuese porque beneficiará únicamente a los afortunados que hayan sobrevivido a la enfermedad, claro está, y entre los que no estarán multitud de británicos que tuvieron la mala suerte de simplemente ser mayores y grupo de riesgo muy alto. Pero por muy inaceptables que resulten las chocantes (anti)medidas de Johnson, alguno incluso puede pensar que en el largo plazo Reino Unido puede salir “beneficiado” (por llamarlo de alguna manera con meros criterios dinerarios) en algo y sólo para beneficio de los que sobrevivan, aunque realmente lo habrán perdido todo como personas sin calidad humana por el camino. Y es que no hay que perder de vista que las pensiones suponen un gran coste actualmente para casi cualquier país del mundo, y que los pensionistas están poniendo ya a día de hoy contra las cuerdas incluso a autócratas que gobiernan en países “dictapitalistas” con mano de hierro. Y la tendencia poblacional es clara, y en el futuro esas pensiones supondrán un coste cada vez mayor… Un futuro para aquellos de nuestros siempre muy queridos mayores que el Coronavirus deje a salvo: el resto ya no estará ahí para cobrar esa pensión que tan duramente se ha ganado a lo largo de su larga carrera laboral.

Pero pensiones aparte, hay otras derivadas económicas que pueden también tener un alto impacto socioeconómico. Los mayores británicos son un potente sector económico, con los ahorros de toda una vida acumulados y disponibles para invertir, que consumen y viajan tirando de una economía donde las generaciones más jóvenes no son ni mucho menos tan pujantes, al estar atenazadas por los precios inmobiliarios actuales y el alto coste de la vida de hoy en día… ¿Realmente siquiera el balance inhumanamente económico de semejante decisión de exposición al virus de un colectivo de riesgo tan alto puede ser remotamente positivo? ¿Alguien podría asegurarlo (ni aún así quedaría mínimamente justificado en términos éticos, por cierto)? Arriesgarse a perder a buena parte de una generación con gran peso económico tampoco se puede asumir sistemáticamente como que sea mejor que paliar la pandemia y sus costes, sino que podría llegar a sorprender con todo lo contrario.

Y no es sólo arriesgar la vida de muchos de nuestros queridos mayores, además está el tema del solapamiento con el también suicidio socioeconómico del Brexit

El Parlamento británico está literalmente sumido en el caos más absoluto, la oposición al Brexit no deja incluso de recibir incontables amenazas de muerte día tras día (muy democrático el “ambientazo”), y todo esto ocurre con unos precedentes de que se llegó a oír en el consiguiente juicio la inconcebible barbaridad de calificar a la parlamentaria “Remainer” Joe Cox, que murió asesinada en la calle por un extremista ultraderechista, de ser una traidora incluso después de fallecida. Pero en relación al Brexit y a la crisis pandémica, no parece en absoluto buena idea la “ocurrencia” de tensionar aún más unas cadenas de suministro que ya de por sí iban a verse muy afectadas por el Brexit, y que habrá que ver hasta cuándo les afectará ahora también el impacto del Coronavirus: aún en el escenario deshumanizadamente favorable de que Reino Unido se inmunizase masivamente contra el Coronavirus en unas semanas (R. I. P. abuelitos británicos), otros países con una estrecha relación comercial con Reino Unido no están tomando ni van a tomar medidas de contención tan laxas, con lo que aquellas cadenas de suministro de Gran Bretaña que necesitan la importación (y son muchas) pueden seguir sufriendo durante meses, y su impacto puede llegar a solaparse letalmente con los problemas de suministro que sin duda también les va a traer el suicida Brexit.

No olviden que la UE es el socio comercial aplastantemente mayoritario de Reino Unido, y ni siquiera un (muy) hipotético y remoto acuerdo de libre comercio aportaría tan apenas nada para paliar el letal Brexit, por mucho que sea la inútil medida estrella de los Brexiteers para seguir adelante con la venda puesta en los ojos del pueblo británico. Ese pueblo cuyos senior ahora van a ser masiva e innecesariamente expuestos a un virus que para ellos es inasumiblemente letal, y se les expone además sin apenas debate nacional, y ni tan siquiera un referéndum (aunque sea virtual), sino a golpe de dictado y a la voz de orden y mando... Muy demócratas los Brexiteers sí, pero sólo para salirse con la suya... ¿Qué esperaban los británicos que ocurriría poniendo al frente del país a estos Brexiteers, con los antecedentes que tenían?

Por que se acaben de hacer una idea de cómo de convulso está el panorama mundial en lo referente a la pandemia, tan sólo apuntarles también las fuentes que afirman que lo que no quieren ciertos sectores es que sepamos bajo ningún concepto cómo Occidente dejó de lado a la ciencia viróloga tras el SARS, en donde estaría otro de los contribuyentes a la actual catástrofe sanitaria. De aquellos polvos, estos lodos, y de estos lodos el actual barrizal en el que nos ahogamos.

Cerrando ya el tema de hoy, exponer que éste es uno de los grandes problemas de cometer barbaridades socioeconómicas de impacto masivo como el Brexit tan voluntaria y alegremente: que luego te coinciden con una crisis importante como la del Coronavirus (aunque ésta no la hayas originado tú), y entonces te caes con todo el equipo. No olviden nunca que el futuro es siempre imprevisible, sea por “bichos infectos” como el Coronavirus, o sea por otros múltiples posibles "cisnes negros". Bastantes tumbas nos cava ya el destino, como para que algunos caven otras tumbas propias como el Brexit. Sí, lo más grave de ese Reino Unido es que a sus políticos no les basta con suicidarse una vez con el Brexit, sino que se suicidan dos veces al mismo tiempo exponiendo al riesgo del virus a varias generaciones senior, y no tomando apenas esas medidas de contención contra el Coronavirus.

Y comparando el convulso caso británico con el muy revuelto panorama pandémico nacional español, personalmente, un servidor se rompió ayer noche las manos de aplaudir con toda España a los verdaderos héroes de esta lucha contra ese virus infecto. Ese personal sanitario que se está literalmente jugando la vida, a veces incluso sin los medios suficientes. Esos grandes profesionales que están en las trincheras y en primera línea de combate, y que están procurando especial atención y cuidados intensivos precisamente a nuestros queridos mayores, a riesgo de infectarse ellos mismos. Menuda diferencia de calidad humana si nos comparamos con Johnson y su asunción de bajas senior. ¡Esto es España!: por una vez podemos pronunciar esta frase muy en positivo, y además con la emoción de tener en nuestro país uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. En otros países (incluso avanzados) hay gente sin ninguna cobertura sanitaria y absolutamente solos ante esta pandemia. Adelante nuestros médicos y personal sanitario, necesitan todo nuestro apoyo, pues viven momentos muy críticos y lo están pasando realmente mal. ¡Valientes! ¡Sois el orgullo de este país!

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