
Con solo 18 años y un curso de Formación Profesional en su expediente, Marcos López ha sido galardonado como el mejor instalador electricista de su entorno
Reivindica que el futuro laboral inmediato no pasa necesariamente por las aulas universitarias
Con un mensaje cargado de pragmatismo generacional, el joven gallego visibiliza la revalorización de los oficios técnicos y desmonta el tradicional mito de la "titulitis" en nuestro país.
Según recoge una información de El Periódico, este vecino del municipio coruñés de Abegondo acaba de alzarse con el triunfo en el XIX Concurso de Jóvenes Instaladores de la provincia de A Coruña, un certamen organizado por la patronal sectorial ASINEC (Asociación de Industriales Electricistas y de Telecomunicaciones de la provincia de A Coruña). El estudiante del IES As Mariñas, que apenas acumula un año matriculado en el Ciclo Superior de Sistemas Electrotécnicos y Automatizados, logró imponerse a los mejores expedientes de la región tras recrear con éxito la instalación eléctrica y de telecomunicaciones de un edificio de viviendas. Este triunfo provincial le otorga, además, el billete directo para representar a su región en la fase nacional del certamen que organiza FENIE (Federación Nacional de Empresarios de Instalaciones de España). A pesar del reconocimiento técnico de sus instructores, el joven resta importancia a su logro y atribuye su destreza a la influencia diaria del negocio familiar de electricidad que regenta su padre, donde ha mamado de cerca los entresijos prácticos del sector desde su infancia.
El conflicto que convierte esta historia en noticia de alcance es estructural: mientras España lidera las tasas de paro juvenil de la Eurozona y miles de graduados universitarios encadenan contratos de prácticas precarios, el tejido industrial de las instalaciones y el montaje se enfrenta a un desierto demográfico sin precedentes. "Tener una carrera universitaria ya no te asegura nada", defiende el propio galardonado al argumentar su decisión de esquivar la universidad para refugiarse en una FP. Su caso refleja a la perfección cómo los ciclos técnicos de grado medio y superior se han transformado en una de las vías de inserción laboral más seguras del mercado, atrayendo a alumnos motivados por la alta empleabilidad inmediata y el relevo de las plantillas más envejecidas.
El muro del convenio, la dureza física y el déficit de 150.000 instaladores
Lo cierto es que, dándole otra vuelta a las condiciones laborales reales, la atractiva salida de la FP de electricidad no debe enmascarar la dureza de un sector que exige un elevado desgaste físico. El Convenio Colectivo de la Siderometalurgia de la provincia de A Coruña fija actualmente para un ayudante o un oficial de tercera un salario base bruto anual que ronda los 19.500 a los 21.000 euros. Aunque estas cifras de partida superan la remuneración media de las becas universitarias de servicios, las plantillas a pie de obra afrontan jornadas extenuantes bajo condiciones climatológicas adversas, trabajos en altura, manipulación de baja y media tensión, y una rigurosa sujeción a los protocolos de prevención de riesgos laborales.
Aun con esta exigencia física, la brutal brecha de oferta en el mercado de trabajo sigue presionando los salarios al alza por la vía de los pluses de especialización. Según estiman los últimos informes de la plataforma para el Futuro Laboral de las Instalaciones, España arrastra actualmente un déficit estructural de unos 150.000 instaladores técnicos (de los cuales en torno a 70.000 vacantes corresponden de forma directa a perfiles de electricidad, climatización y fontanería). Esta acusada escasez de profesionales cualificados amenaza con ralentizar el desarrollo de los proyectos de edificación residencial y, sobre todo, los planes de despliegue de energías renovables, puesto que las grandes energéticas y constructoras carecen de plantillas suficientes para absorber la transición hacia el autoconsumo fotovoltaico y la electrificación de la demanda.
Esta drástica falta de mano de obra cualificada ha provocado una revalorización de las condiciones de contratación en las empresas instaladoras. A diferencia de la precariedad de las oficinas de servicios, los graduados de FP en ramas eléctricas disfrutan hoy de una inserción laboral que roza el 100%, con contratos indefinidos desde el primer día que contrastan con los salarios mileuristas que asfixian a gran parte de los titulados superiores, tal y como analiza El Blog Salmón al examinar por qué los jóvenes huyen de los empleos corporativos tradicionales ante las nuevas expectativas de estabilidad y autonomía. El clímax que ilustra la trayectoria de Marcos López no reside en la obtención de un trofeo provincial, sino en evidenciar que el verdadero prestigio laboral del futuro inmediato se está desplazando desde el pupitre universitario hacia la caja de herramientas de los instaladores técnicos.
Imágenes | Pexels (Sami Abdullah)
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