El paro cae a mínimos en España y el empleo se concentra más y más en el sector servicios

Javier Ruiz

Estos días, se cita como hecho histórico en la prensa: España ha logrado reducir su tasa de paro por debajo del 10 % por primera vez en casi dos décadas. El dato marca un hito para un mercado laboral que, históricamente, ha estado marcado por el desempleo estructural y por recuperaciones desiguales tras cada crisis.

En términos generales, el balance es positivo: hay más ocupados, menos parados y un nivel de empleo que se sitúa en máximos históricos. Sin embargo, necesitamos una lectura más detallada de los datos para ir más allá del cuántos empleos se están creando; en concreto, hasta el dónde y cómo se está produciendo esa creación de empleo, un matiz esencial para entender la sostenibilidad del actual ciclo laboral.

Dónde se crea emplea

La caída del paro se apoya en el sector privado, que concentra la inmensa mayoría de los nuevos puestos de trabajo. No es el empleo público, que ha vuelto a dispararse en el último trimestre, el que explica el grueso del descenso del desempleo, sino la evolución de la actividad empresarial.

Una dinámica que puede observarse en el desglose de la última Encuesta de Población Activa, publicado el martes pasado en el INE, que muestra un aumento significativo de los ocupados en actividades privadas.

El protagonismo sectorial es claro, donde el sector servicios vuelve a actuar como principal motor de la creación de empleo con actividades ligadas al consumo interno, la hostelería, el comercio y el turismo, que explican buena parte del avance, en línea con la fortaleza de la demanda y la normalización de la actividad tras los años de pandemia.

Un patrón que ya se observaba antes de la crisis sanitaria y se ha reforzado en la fase actual de recuperación.

Este comportamiento es la consolidación de un modelo económico muy definido: España crea empleo, pero lo hace sobre todo en los sectores donde ya estaba especializada. El mercado laboral mejora, pero lo hace apoyándose en ramas productivas intensivas en mano de obra y muy sensibles al ciclo económico.

Más empleo, mismos problemas

El contraste aparece al observar otros sectores. La construcción y la agricultura aportan empleo de forma más limitada, mientras que la industria presenta una evolución más irregular, con avances en algunos trimestres y retrocesos en otros.

Esta divergencia sectorial implica que la mejora del mercado laboral no es homogénea y que parte de la actividad productiva sigue mostrando dificultades para ganar peso en el conjunto de la economía.

Al mismo tiempo, uno de los cambios más relevantes respecto a etapas anteriores es la mayor estabilidad del empleo. El aumento de los contratos indefinidos y la reducción de la temporalidad han mejorado la calidad estadística del mercado laboral, un fenómeno ampliamente analizado en informes económicos recientes.

Este avance contribuye a explicar por qué la caída del paro se mantiene incluso en un contexto económico más exigente. El empleo es hoy menos volátil que hace una década. Sin embargo, esta mejora contractual no implica necesariamente un cambio profundo del modelo productivo. 

Los puestos de trabajo son más stables, pero siguen concentrándose en sectores con márgenes de productividad limitados.

La consecuencia es una paradoja conocida en la economía española: el mercado laboral mejora en términos cuantitativos, pero el patrón de crecimiento apenas se transforma. El empleo crece, pero la productividad avanza con mayor dificultad, un problema recurrente que condiciona la evolución de los salarios y la capacidad de resistencia ante futuros cambios de ciclo.

Con el paro en mínimos, el debate económico ya no gira únicamente en torno a la creación de empleo, sino en torno a la estructura de ese empleo. Reducir el desempleo es una condición necesaria, pero sigue siendo insuficiente para fortalecer el crecimiento a medio y largo plazo.

El reto que se abre es claro: mantener la mejora del mercado laboral al tiempo que se diversifican las fuentes de creación de empleo y se refuerzan los sectores capaces de sostener mayores niveles de productividad y salarios. De lo contrario, España corre el riesgo de consolidar un mercado laboral más estable, pero apoyado en el mismo modelo económico que ha mostrado límites en anteriores fases del ciclo.

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