El índice estadounidense es muy popular por los beneficios que ha ofrecido históricamente. Pero las tecnológicas pesan más de un 30%
Los ETF del S&P 500 se han convertido en activos tremendamente populares entre los inversores a largo plazo gracias a que replican un índice que, hasta ahora, se ha comportado históricamente de una forma extraordinaria: de media, ha ofrecido una rentabilidad bruta del 10% desde 1957. Y aunque no ha sido ajeno a fuertes caídas, como la de 2008, cuando se hundió más de un 37%, ha demostrado una enorme capacidad de recuperación: en 2009, aún con el mundo en crisis, creció casi un 26,5%, y en 2010 un 15%.
Al combinar un índice con un comportamiento tan bueno con el bajo coste de los ETF, quienes han invertido en él han visto crecer sus beneficios enormemente a lo largo de los años. De hecho, los fondos cotizados del S&P 500 son los favoritos para quienes apuestan por el crecimiento a largo plazo.
Además de su excelente comportamiento histórico y sus bajos costes, quienes defienden invertir en ETF del S&P 500 también argumentan que se compra diversificación de una forma sencilla, pues al entrar en estos fondos cotizados el interesado se expone a las 500 empresas con mayor capitalización de mercado de Estados Unidos. Sin embargo, eso que se vende como virtud es, paradójicamente, su mayor riesgo.
Invertir en ETF del S&P 500: la concentración tecnológica
Es cierto que los ETF del S&P 500 suelen estar compuestos por las acciones de las 500 empresas que componen el índice, o al menos por una muestra bastante amplia de ellas. El problema es que la mayoría de ellos replican el peso específico de esas compañías, por lo que si Nvidia supone un 7% del S&P 500 por su enorme capitalización de mercado, también supondrá un 7% del ETF. Y esto, en un índice dominado por la tecnología, supone un riesgo de concentración sectorial que el inversor debe tener en cuenta.
Este dominio de la tecnología en el S&P 500 (un 32% del índice pertenece a ese sector) ha sido precisamente el motor del enorme crecimiento que han conseguido sus ETF en la última década, y probablemente seguirá empujando hacia arriba su valor de la mano de las constantes innovaciones de estos gigantes. Pero si el sector tecnológico sufre un periodo de incertidumbre, o las expectativas sobre tecnologías punteras, como la inteligencia artificial, se enfrían, estas empresas pueden caer con fuerza, arrastrando consigo al índice y los fondos cotizados que lo replican.
Tampoco hay que perder de vista la concentración regional. Estados Unidos es un país magnífico para invertir, pero cualquier problema que afecte a su economía, o una legislación nacional más severa para sus empresas, puede suponer enormes pérdidas para quienes sólo tengan en cartera un ETF del S&P 500.
Entonces, ¿sigue siendo una buena idea invertir en ETF del S&P 500? Sin duda, porque son productos magníficos, pero conviene no concentrar toda la inversión en este índice para evitar esa excesiva concentración en tecnología y en Estados Unidos. Añadiendo dos o tres ETF más de otros índices o regiones del mundo es posible protegerse mejor las espaldas con una diversificación real sin perder exposición al S&P 500, que probablemente seguirá siendo el principal motor de crecimiento de rentas de las próximas décadas.
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Invertir en ETF con diversificación real
Por lo tanto, no se trata de no invertir en ETF del S&P 500, sino de equilibrar su peso en la cartera para no poner todos los huevos en la misma cesta. Al comprar otros ETF que abarcan múltiples regiones y sectores, la diversificación es real y la protección frente a fluctuaciones nacionales o sectoriales es mucho más fuerte.
Una de las alternativas que utilizan muchos inversores para desligarse de esa concentración estadounidense y tecnológica son los ETF del MSCI World, compuestos por más de 1.500 empresas de mayor capitalización de mercado de los 23 países más desarrollados del planeta. Sin embargo, este fondo cotizado presenta un problema parecido al del S&P 500: al ser Estados Unidos la mayor potencia económica del mundo, y sus tecnológicas las compañías más grandes del planeta, la realidad es que entre el 60% y el 70% del MSCI World está dominado por el país norteamericano.
No es, por tanto, una diversificación real. De hecho, combinar un ETF del S&P 500 con otro del MSCI World produciría una ineficiencia que se conoce como solapamiento de cartera, porque el inversor tendría muchos activos duplicados: tanto el S&P 500 como el MSCI World tendrán acciones de Microsoft, Amazon, Apple, Tesla, Alphabet, etc. Por lo tanto, no sólo no se diversifica, sino que se concentra más la posición y se incrementa el riesgo.
Para evitar esa ineficiencia y diversificar de verdad, uno de los mejores ETF que se pueden adquirir es el del MSCI World ex-USA, que está compuesto por las empresas más grandes de los países desarrollados excluyendo a EEUU: Europa, Canadá, Japón y Australia.
Con un ETF de este tipo no sólo se consigue diversificación regional, también sectorial, porque en esos países el peso de la tecnología no es tan descomunal como en Estados Unidos. De hecho, la mayoría de ellos destaca por tener un mayor desarrollo en otros ámbitos, como el automotriz, el bancario, la industria pesada, la minería o las materias primas.
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Otra opción para ampliar esa diversificación, y que se puede combinar tanto con los ETF del S&P 500 como con los del MSCI World ex-USA, es la de invertir en fondos cotizados de mercados emergentes: MSCI Emerging Markets. Con este producto se gana exposición a países como China, India o Brasil, de tal forma que, además de diversificar, se captura una parte del crecimiento de economías con un enorme potencial y a las que les afectan mucho menos las situaciones políticas y económicas de Occidente.
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Por último, cabe subrayar que todos los ETF comentados hasta el momento diversifican regional y sectorialmente, pero no lo hacen en cuanto al tamaño de las empresas. Al estar compuestos por las más grandes de cada índice o país, dejan fuera una parte importantísima de la economía real: compañías de baja capitalización bursátil, también conocidas como small caps.
Las small caps son compañías que no ganan miles de millones de dólares, pero presentan grandes ventajas al incorporarlas a las carteras: incluyen compañías nuevas y en crecimiento, por lo que representan una buena opción para capturar a los gigantes de la próxima década. Suelen ser índices con mayor volatilidad porque tienen menos liquidez y volumen de negociación.
Para invertir en small caps hay muchas opciones, desde índices específicos de países o regiones concretos, como el Russell 2000 (EEUU) o el Stoxx Europe Small 200 (Europa), hasta otros que abarcan un espectro más amplio, como el MSCI World Small Cap, que incluye entre 3.500 y 4.000 empresas de pequeña capitalización de 23 países desarrollados.
Invertir en ETF: el precio de diversificar
La diversificación es una protección básica que cualquier persona que invierta debe considerar para tratar de reducir el riesgo de la renta variable. Por eso es importante saber que operar con ETF del S&P 500 implica un peligro real de concentración, tanto regional como sectorial. Pero hay que tener en cuenta que esa mayor protección tiene un coste de oportunidad: si el índice estadounidense sigue comportándose como hasta ahora, una posibilidad muy real dadas las enormes expectativas que hay puestas en la inteligencia artificial, las carteras diversificadas probablemente ganarán menos dinero que las que estén enfocadas exclusivamente en el S&P 500.
Aquí se nos plantea la disyuntiva clásica en inversión: mayor riesgo para tener mejores perspectivas de ganancias, o incrementar la seguridad pagando el peaje de rendimientos más reducidos. Es una elección que depende por completo del inversor y de su tolerancia al riesgo.
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