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¿De verdad es tan rentable invertir en ETF del S&P 500? La realidad que se esconde tras el furor por el índice

Muchos inversores han puesto la mirada en el índice estadounidense por su alta rentabilidad histórica. Pero no es oro todo lo que reluce.

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Pablo Rodríguez

Colaborador
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Pablo Rodríguez

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En los últimos meses los fondos cotizados del S&P 500 han sustituido a las criptomonedas en el discurso simplista de algunos usuarios de redes sociales que se las dan de influencer de finanzas: de repente resulta que son un negocio redondo con el que se puede conseguir una rentabilidad brutal con poco esfuerzo. La narrativa del pelotazo que, ante la crisis de los criptoactivos, parece que algunos tienen que alimentar como sea para seguir recolectando me gustas. 

Una narrativa que ya era peligrosa con las criptomonedas y que lo sigue siendo con los fondos cotizados (también conocidos por sus siglas en inglés, ETF), a pesar de que el riesgo de estos activos sea ligeramente menor. Porque el discurso sigue poniendo el foco sólo en una parte de las cifras, las de color verde, y olvidándose por completo de las de color rojo. 

Los ETF del S&P 500 son instrumentos de inversión muy interesantes por su rentabilidad, funcionamiento y sencillez de gestión, y utilizados con criterio, sin dejarse llevar por falsas promesas, pueden ofrecer a sus propietarios interesantes ganancias. Pero operar con ellos sin conocer su funcionamiento y sus riesgos puede poner en serio riesgo el dinero de los inversores. 

A continuación vamos a analizar qué hay de verdad y de falsedad en todas esas publicaciones que inundan las redes sociales sobre los ETF del S&P 500, para qué tipo de inversores resultan interesantes, repasaremos datos reales sobre su rentabilidad, veremos sus principales riesgos y los mejores brókers para operar con ellos desde España. 

Rentabilidad del S&P 500: una fortaleza a largo plazo

Si atendemos a la rentabilidad anual media a largo plazo, lo cierto es que las cifras de los ETF del S&P 500 son muy buenas, e incluso se acercan a lo que algunas publicaciones de redes sociales señalan: por ejemplo, entre 2005 y 2025, la rentabilidad acumulada del S&P 500 fue del 745% y la anualizada del 10,70%. Si ponemos el foco en tiempos más recientes, entre 2015 y 2025, la rentabilidad acumulada ha sido del 304% y la anualizada del 13,5%.  

Entonces, si no están mintiendo, o no demasiado, ¿cuál es el problema? Pues que no cuentan toda la verdad. Las cifras del párrafo anterior son promedios de plazos muy amplios, veinte y diez años, respectivamente, donde efectivamente el S&P 500 se suele comportar muy bien. Pero ¿qué ocurre si miramos la rentabilidad real año a año? Pues que la gráfica se tiñe de vez en cuando de rojo rojísimo. Y no hace falta irse muy lejos para ver la última gran caída del índice estadounidense: durante el año 2022 se desplomó un 18,17%. Cuatro años antes, en 2018, se marcó un -4,56%. Y en el aciago 2008 se hundió un 37%. 

La gran fortaleza del S&P 500 es el largo plazo: como suele tener más años buenos que malos, sus caídas se compensan en unos pocos ejercicios, y si la inversión se mantiene por periodos de cinco o seis años en adelante, lo normal es que su rentabilidad sea alta, incluso si de por medio hay catástrofes como la de 2022. 

El principal riesgo de los mensajes que se han venido difundiendo en las redes sociales en los últimos meses es el de transmitir que el S&P 500 siempre crece, y además a ritmo alto. Porque si alguien que no es consciente de los vaivenes que suele experimentar el índice invierte sus ahorros en un ETF que sigue su cotización, y de repente sobreviene un año como 2022, puede entrar en pánico y vender a un 20% de pérdidas. 

También puede ocurrir que el inversor no quisiese operar a largo plazo y tenga que decidir entre asumir las pérdidas o verse obligado a mantener la inversión mucho más tiempo del que había planeado para tratar de suavizar el golpe. 

Por lo tanto, lo más importante que se debe tener en cuenta antes de invertir en ETF del S&P 500 es que sus rentabilidades son altas y crecientes a largo plazo, pero de un año para otro se comportan como cualquier otro activo: pueden subir mucho, pero también experimentar caídas considerables que causen pérdidas. 

Los mejores brókers para invertir en ETF del S&P 500

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ETF del S&P 500: las tecnológicas no son infinitas

Otro aspecto importante que conviene destacar es que en el mercado de valores las rentabilidades pasadas nunca aseguran las futuras. Quienes defienden los ETF del S&P 500 como una mina de oro toman como referencia especialmente su rentabilidad de la última década, en la que el índice ha crecido un 13,5% de media anual, incluso con el bache de 2022. Un periodo que puede crear falsas expectativas porque ha sido de inusual crecimiento gracias a las grandes tecnológicas. 

En la última década se ha producido un boom tecnológico del que se han beneficiado gigantes estadounidenses como Microsoft, Apple, Amazon o Meta, que forman parte del S&P 500. Estas compañías han revolucionado el mundo y se han convertido en líderes mundiales de muchos sectores de la economía digital, lo que ha hecho que ganen muchísimo dinero gracias a la digitalización acelerada de empresas, gobiernos, organizaciones, etc.

Y ese enorme flujo de dinero hacia los gigantes tecnológicos ha hecho que el S&P 500 haya experimentado un crecimiento extraordinario, bastante por encima de su media histórica, que se sitúa en torno al 10%. Pero las cosas están cambiando: China se ha alzado como un importante rival ante estas empresas que antes no tenían competencia de nivel, y la capacidad de crecimiento de las grandes tech no es infinita, por lo que los próximos años la escalada de su cotización podría ralentizarse después del furor de los últimos 15 años y, con ellas, la del S&P 500.

El enorme crecimiento de estas empresas también añade un riesgo importante al S&P 500: como han crecido mucho, su peso en el índice ha aumentado considerablemente en la última década, y en estos momentos el sector tecnológico supone aproximadamente el 32% del total. Esto se traduce en un peligro de concentración: si algo afecta negativamente al sector, puede hundir la cotización del S&P 500. 

El tipo de ETF del S&P 500 influye en la rentabilidad

También es importante tener en cuenta que no todos los ETF del S&P 500 son iguales, y que, por lo tanto, la rentabilidad que ofrecen, aunque parecida, no será la misma, por lo que no cualquier fondo cotizado vale para cualquier inversor. 

Para empezar, hay ETF del S&P 500 que buscan replicar la cotización del índice comprando acciones de las 500 empresas que lo componen en la misma proporción que su peso específico: por ejemplo, si Nvidia representa el 7% del S&P 500 por su capitalización de mercado, ese fondo tendrá un 7% de acciones del fabricante de microchips. Mientras que otros sólo adquieren una muestra representativa de las compañías más grandes, pero no todas, para facilitar la gestión y eliminar ineficiencias. Así, al ser su composición ligeramente diferente, su valor puede evolucionar de forma desigual. 

Otra diferencia clave es la forma en la que el ETF del S&P 500 gestiona los dividendos que las empresas le pagan por tener sus acciones. Por una parte están los ETF de acumulación, que toman ese dinero y lo reinvierten, lo que acelera un poco el crecimiento del fondo. Y por otra los ETF de distribución, que entregan ese capital a los inversores, por lo que crecen algo menos. 

Con los ETF del S&P 500 de distribución también hay que tener en cuenta la fiscalidad. Cada vez que reparten dividendos, el inversor debe pagar su parte correspondiente de impuestos, como mínimo del 19%. Con los de acumulación eso no ocurre porque el usuario no recibe nada: al reinvertirse, el dinero no llega a su bolsillo en ese momento y no genera obligaciones tributarias, permitiendo que el capital rinda más mediante el interés compuesto. En estos segundos ETF sólo se abonan impuestos en el momento en el que el usuario decida liquidar su posición y recoger los beneficios. 

Fiscalidad, costes y divisa de los ETF del S&P 500

Y la fiscalidad es, precisamente, otro de los aspectos de los que los supuestos gurús eluden hablar. Las cifras que hemos visto hasta ahora, como el 10% de rentabilidad histórica del S&P 500 o el 13,5% de la última década, son brutas, es decir, antes de impuestos. Al aplicarle las obligaciones tributarias correspondientes, la rentabilidad neta que llega al bolsillo del inversor es bastante inferior. 

Cabe recordar que en nuestro país las ganancias obtenidas con fondos de inversión se consideran rentas del ahorro y tributan de forma progresiva de la siguiente manera: 19% para beneficios de hasta 6.000 euros, 21% para beneficios de entre 6.000 y 50.000 euros, 23% para beneficios de entre 50.000 y 200.000 euros, 27% para beneficios de entre 200.000 y 300.000 euros y 28% para beneficios de más de 300.000 euros. De esta forma, si el inversor decide liquidar su posición en el ETF del S&P 500 después de que se haya revalorizado un 10%, la rentabilidad real que obtendrá será de entre el 7% y el 8%.

En el cálculo de la rentabilidad también hay que tener en cuenta los costes del ETF del S&P 500, pues no todos cobran las mismas tarifas por su gestión: algunos establecen tarifas del 0,05% anual, muy bajas, mientras que las de otros son considerablemente más altas, de hasta el 0,45% anual. 

Por último, conviene no perder de vista que el S&P 500 cotiza en dólares, por lo que el tipo de cambio también influye en la rentabilidad final para el usuario. Si el inversor compra el ETF en un momento en el que la divisa estadounidense esté fuerte frente al euro, y vende cuando se haya debilitado, los beneficios netos se podrían reducir considerablemente.  

Entonces, ¿es o no rentable invertir en ETF del S&P 500?

Como en cualquier tipo de inversión, depende de lo que busque el usuario. Los ETF del S&P 500 son activos extraordinarios para conseguir una buena rentabilidad a largo plazo, porque suelen tener un crecimiento interesante en periodos de cuatro o cinco años en adelante. Para quienes estén buscando un instrumento de renta variable ligeramente menos arriesgado que las acciones individuales o las criptomonedas, y piensen en un horizonte temporal prolongado, son una opción muy interesante que tener en cuenta. 

Por el contrario, quien se haya dejado seducir por esos mensajes de redes sociales que sólo cuentan lo bueno y piensan que los ETF del S&P 500 pueden servir para conseguir grandes ganancias a corto o medio plazo, deberían informarse mejor y reevaluar la conveniencia de apostar por estos activos. 

En cualquiera de los casos, antes de invertir es importante consultar fuentes fiables y recabar abundante información de los riesgos, los costes, los impuestos y la rentabilidad real de los ETF del S&P 500 para ser plenamente consciente de dónde se están colocando los ahorros propios y a qué escenarios podría enfrentarse ese dinero, tanto si las cosas van bien como si van mal. 


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