
El joven explica cómo consiguió ahorrar para comprar su primera vivienda siendo muy joven y responde a quienes cuestionaron que pudiera lograrlo
"Creo que no tendría por qué ser noticia", ha dicho Santi a Espejo Público con una mezcla de orgullo y perplejidad. "Pero hoy en día la gente de mi edad debería de poder acceder a una vivienda". Santi tiene 22 años, tres oficios —tractorista, albañil y soldador—, vive en un pueblo de 300 habitantes a media hora de Albacete, y tiene una casa de tres habitaciones, 100 metros cuadrados y posibilidad de planta arriba por menos de 40.000 euros. Nada de herencia, nada de padres bancarios: un préstamo personal a cinco años —"lo que no quería era hipotecarme a 20", sostiene— y seis años de jornales desde los 16.
El caso de Santi es excepcional por su edad, pero también refleja una realidad cada vez más visible. La combinación entre el fuerte encarecimiento de la vivienda en las grandes ciudades y la despoblación de muchos municipios rurales sigue permitiendo encontrar casas a precios impensables en las capitales. Según explicó Espejo Público, la edad media para comprar una primera vivienda en España habría pasado de 32 años en 2000 a 40 en 2026. El programa añadió además que en comunidades como Baleares, Canarias, Madrid y Cataluña esa edad rondaría los 50 años. Mientras tanto, el alcalde del municipio donde vive Santi asegura que en los últimos años se han vendido entre 35 y 40 viviendas —en un pueblo de apenas 300 habitantes— y que los precios han evolucionado desde antiguas casas en ruinas por unos 9.000 euros hasta inmuebles que hoy salen al mercado por alrededor de 300.000 euros.
Y es que la vivienda que compra Santi no es un piso en una gran ciudad: es una casa embargada por el banco en un pueblo donde la oferta existe, sí, pero vacía. La habitación del pánico, como él mismo la llama, es la que ocupaba una "Ocupa" antes de que él comprara el inmueble. Los suelos, los azulejos y las ventanas los está poniendo él mismo —con un cortazulejos, embarrando a mano cuando no tiene mazo de goma—, y duerme allí mientras reforma, con polvo y todo. Es decir, la autonomía de la que presume no es solo financiera: es física. Como ha documentado El Blog Salmón, Irene Vila compró una casa por 9.000 euros en el pueblo de su abuela y se topó con el mismo problema: difícil reformarla y encontrar albañiles cerca.
El relay de Santi entre los tres oficios —campo en verano, obra en invierno, soldadura cuando surge— no es solo precariedad disfrazada de iniciativa. Es, de hecho, la expresión exacta de un mercado laboral que según El Blog Salmón empieza a premiar la formación profesional frente a la universitaria. Faltan 350.000 técnicos en España, y oficios como tractorista, albañil o soldador están entre los más demandados —y los que ninguna inteligencia artificial puede sustituir, como ha recordado el propio Espejo Público. El propio Santi optó por FP porque, como él mismo explica, "lo que quería era empezar a manejar". Santiago Carpintero, albañil de 22 años, lo ha dicho recientemente en El Blog Salmón: "El 95% de las personas que aprenden esta profesión tienen empleo. Estabilidad laboral".
Lo cierto es que la historia de Santi, vista desde la distancia, declara antes que nada el principal problema. España tiene un parque de entre 3 y 3,8 millones de viviendas vacías —un dato que El Blog Salmón ha retratado como "las nuevas ruinas"—, y al mismo tiempo el 85% de los jóvenes vive con sus padres no por sus salarios, según el experto Marc Vidal, sino por el precio de la vivienda. El Gobierno acaba de poner en marcha ayudas de hasta 66.000 euros para reformar casas en pueblos de menos de 3.000 habitantes, y existen ejemplos cada vez más visibles de jóvenes que han elegido la ruralidad por necesidad más que por vocación. Pero la pregunta que queda en el aire es si un país puede permitirse que su principal solución al problema del acceso a la vivienda sea, en la práctica, la huida.
Imagen | Espejo Público
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