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Tras cuatro décadas China termina oficialmente la política del hijo único

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Después de casi cuatro décadas, China ha terminado oficialmente su política del hijo único con la firma de una ley que permitirá a todas las parejas casadas tener un segundo hijo. Este es un intento de hacer frente a una fuerza laboral que envejece y a una población que disminuye, un drama que envuelve a gran parte del mundo occidental. El cambio fue anunciado en octubre por el gobierno y entrará en vigencia el 1 de enero de 2016.

La política del hijo único fue instituida por el gobierno chino en 1979 tras la muerte de Mao Tse-Tung como una medida de planificación familiar que buscaba superar la pobreza extrema. Según las autoridades, de no haberse aplicado la medida, China tendría hoy más de 1.800 millones de habitantes y no los 1.400 millones actuales. La restricción permitió mejorar muchos indicadores sociales como el ingreso per cápita, la esperanza de vida (actualmente en 75 años), el acceso a la educación o la reducción de la pobreza, que pasó de 600 millones de personas en los años 80 a los 70 millones de la actualidad.

Si bien a nivel global muchos países occidentales también aplicaron controles de natalidad (pese a que la píldora anticonceptiva emergió con fuerza en los años 60), en ningún país fue tan severa como en el gigante asiático. En China la política de planificación familiar tuvo efectos secundarios desastrosos como los abortos selectivos por sexo o el infanticidio dirigido a niñas, a causa de una preferencia social de siglos de antigüedad por los niños varones. Desde milenos, las familias campesinas preferían a los hijos varones para trabajar la tierra y aportar al trabajo familiar. Pero la aplicación de esta política en pleno siglo XX generó un desequilibrio de sexos y hoy existen pueblos completos donde la población femenina es muy reducida por la preferencia de los hijos y no las hijas. Estudios oficiales cifran en 30 millones los hombres chinos que no pueden encontrar una mujer, una "crisis de solteros" que puede generar violencia e inestabilidad.

Algunos de estos hechos como la aplicación de esterilizaciones y abortos forzosos contra las mujeres fueron considerados violaciones a los derechos humanos. También la política fue considerada por muchos como clasista, ya que las altas multas por tener más de un hijo las podían pagar los ricos por lo que muchos de ellos burlaban la ley.

En respuesta a estos problemas, la Academia China de Ciencias Sociales propuso la solución de tener dos hijos por matrimonio dado que para una población estable es necesaria una cuota de 2,1 hijos por mujer. En 2013 se realizaron reformas parciales que permitieron a las parejas tener dos hijos si uno de ellos era hijo único. Sin embargo, el aflojamiento de la política en 2013 no generó un aumento masivo de la natalidad dado que muchos padres simplemente no pueden permitirse un segundo hijo con el fuerte aumento de los precios de la vivienda y la educación. Se piensa que esto no va a cambiar con el fin de la política del hijo único.

El cambio hacia una política de dos hijos es probablemente demasiado poco y llega demasiado tarde para hacer frente a la crisis que se avecina en la fuerza laboral de China y el envejecimiento de su población.

Por otra parte, las generaciones nacidas después de 1980 difieren significativamente de las anteriores. Mientras de los nacidos en los años 50 solo el 1,5 por ciento llegaba a la universidad, de los nacidos en los años 80, el 18 por ciento alcanzó estudios universitarios. Un informe publicado en 2011 por la Academia China de Ciencias Sociales, señala que las generaciones nacidas después de 1980 se han orientado al consumo y manifiestan una fuerte necesidad de trabajar. También están menos dispuestos a privaciones económicas. La mayoría de los niños que crecieron en los años 80 vivieron con sus abuelos en el período del auge económico dado que ambos padres trabajaban. Un realidad muy similar a la de occidente.

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