España continúa destacando entre las grandes economías europeas por su ritmo de crecimiento. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sitúan el avance del producto interior bruto (PIB) español en el 2,5% para 2026. Se trata de una cifra por encima de Estados Unidos y de sus principales socios de la eurozona.
Sin embargo, detrás de estas cifras aparece una realidad menos favorable: el crecimiento económico no se está traduciendo en una mejora equivalente de la producción por habitante.
La diferencia resulta especialmente importante en un momento en el que numerosas familias afrontan dificultades para acceder a una vivienda, asumir los gastos cotidianos o aumentar su capacidad de ahorro. De hecho, casi una de cada cuatro personas destina más del 40 % de sus ingresos al alquiler o la hipoteca.
La economía española produce cada vez más, pero eso no significa que sus habitantes sean proporcionalmente más prósperos. Vamos, que ni lo perciben.
El contraste aparece justo al examinar las previsiones del PIB per cápita, un indicador que permite analizar el crecimiento teniendo en cuenta la evolución de la población.
El PIB per cápita de España apenas crecerá un 0,8% en 2027
Las previsiones recogidas en el informe de octubre de 2026 del FMI muestran una desaceleración del crecimiento real por habitante. Después de aumentar un 1,9% en 2025, este indicador avanzaría un 1,5% durante 2026 y se reduciría hasta el 0,8% en 2027.
La diferencia respecto al PIB total es considerable. Mientras la economía española crecería un 2,5% en 2026, la producción por residente aumentaría un punto porcentual menos. Para 2027, el contraste se repetiría: el PIB avanzaría un 1,8%, frente al 0,8% previsto por habitante.
Estos datos no significan que la economía española vaya a contraerse, ni mucho menos, sino que su crecimiento individual será mucho más limitado que el reflejado en las rebombantes cifras generales.
Alemania y la eurozona superarán a España en crecimiento por habitante
Aunque España continuará creciendo más rápidamente en términos agregados, perderá posiciones cuando se examine el PIB real per cápita.
Según las proyecciones del FMI para 2027, Alemania registrará un crecimiento por habitante del 1,3%, frente al 1,1% de la eurozona y el 0,8% español. Italia quedaría ligeramente por detrás, con un 0,7%.
La economía alemana, pese a sus dificultades industriales y su débil crecimiento general, conseguiría así un avance por residente superior al español. La explicación se encuentra básicamente en las diferencias demográficas. Una economía cuya población apenas aumenta puede registrar mejoras por habitante incluso con un crecimiento agregado moderado.
La población impulsa el PIB, pero no necesariamente la productividad
Una de las principales características del crecimiento español es el aumento de su población activa. La incorporación de nuevos trabajadores permite incrementar la producción, el consumo y la actividad empresarial.
Los datos del Instituto Nacional de Estadística reflejan esta transformación. España registró un saldo migratorio exterior positivo de 626.268 personas en 2024, después de superar las 640.000 en 2023.
En apenas dos ejercicios, el país ganó más de 1,2 millones de residentes por los movimientos migratorios netos.
Esta incorporación de población contribuye a sostener el empleo y compensar parcialmente el envejecimiento demográfico. Sin embargo, también explica por qué el crecimiento del PIB total supera al registrado por habitante.
El problema aparece cuando el aumento del empleo no va acompañado de inversiones suficientes en tecnología, maquinaria, formación e infraestructuras que permitan elevar la productividad. De hecho, solo en 2026 la inversión extranjera neta en España se ha desplomado un 40% este año y la de los grupos de EEUU, un 230% por las desinversiones.
La falta de inversión productiva limita el crecimiento
El incremento del número de trabajadores no garantiza por sí mismo una mejora significativa de la producción individual.
Para conseguirlo, las empresas necesitan incorporar tecnología, modernizar instalaciones y mejorar sus procesos. También resulta fundamental disponer de trabajadores cualificados y de infraestructuras capaces de responder a una actividad económica creciente.
La vivienda y los servicios públicos reflejan las dificultades
El crecimiento de la población también incrementa las necesidades de viviendas, colegios, hospitales, transporte y otros servicios esenciales.
El mercado inmobiliario representa uno de los ejemplos más visibles. Cuando la demanda residencial aumenta más rápidamente que la construcción, los precios pueden experimentar presiones adicionales. Esto provoca que parte de las mejoras salariales termine destinándose al alquiler o a la compra de vivienda, reduciendo el margen económico disponible para otros gastos.
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