El pequeño comerciante... ¿una especie a proteger?

Ultramarinos

Leo en La Clave una pequeña nota en la que se preguntan “¿Qué fue de los tenderos tradicionales?”. Reflexiona el autor sobre la evolución del comercio en las últimas décadas, pasando de la clásica distribución de barrio a la concentración actual en grandes superficies. Y lo hace con un cierto tono nostálgico (“En las ciudades españolas, hace menos de 30 años la mayoría de los ciudadanos conocía los nombres de pila de los barberos, los serenos y, desde luego, del tendero del barrio”) y llega hasta un cierto punto demagógico en contra de las grandes superficies, responsabilizándoles de ser una fuente de polución (por el movimiento de vehículos que generan) o de incitación al consumismo…

A mí este debate del pequeño comercio frente a las grandes superficies siempre me ha parecido un poco fuera de sitio. Por supuesto que entiendo el componente social / sentimental de la desaparición del pequeño comercio. Pero no es más que un efecto del mercado y, como tal, un efecto de nuestras decisiones como consumidores.


¿Por qué proliferan las grandes superficies frente a los pequeños comercios? Pues porque los consumidores preferimos comprar en unos y no en otros. Los motivos, cada cuál tendrá los suyos. Para unos serán los precios, o la variedad de productos, o los servicios añadidos, o la facilidad de desplazamiento, o la oferta complementaria de ocio, o… También los defensores del pequeño comercio tendrán sus motivos para comprar ahí: la confianza en el tendero “de toda la vida”, el nivel de conocimiento y de servicio, la especialización…

Como digo, esta evolución no es sino la consecuencia lógica de nuestras decisiones como consumidores. Unos deciden una cosa, y por lo tanto facilitan el crecimiento de determinadas empresas, y otros deciden otra. Y si, como consumidores, hay más que decidimos que preferimos las grandes superficies al pequeño comercio, pues dejemos que suceda. ¿Por qué habría de evitarse? Todos los sectores están sujetos a la reconversión si las circunstancias del mercado lo determinan, y la distribución comercial no debiera ser diferente a la minería, el sector naval y tantos otros.

Creo que hay espacio para la convivencia entre las grandes superficies y el pequeño comercio. Pero este pequeño comercio tendrá que ser, a la fuerza, distinto del de hace 30 años. Especializado, diferenciado, modernizado, con nuevas ideas en la gestión, en la comercialización… Estoy seguro que los consumidores seguirán encontrando en esos pequeños comercios razones para comprar que ganen a las grandes superficies. No es tarea fácil.

Foto | iometria

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Comentarios

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  • 1 Imagen de www.gravatar.com
    Javier Varela
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    Los pequeños comerciantes en gran número no han sabido adaptarse a los constantes cambios del mercado y quizá por la imposibilidad de acceder a las nuevas técnicas de gestión o quizá por su aversión a cualquier clase de cambio en su modelo de negocio, se han ocultado tras el muro de las lamentaciones y los ataques contra la nueva distribución que a la vez que parecía 'ejercer de verdugo' de sus pequeños negocios mermando la economía de los comerciantes tradicionales, contribuía a que esa gente con cada vez menos recursos llenase su cesta de la compra con menos dinero y a precios más bajos. La rueda del mercado gira implacable y los propios comerciantes son consumidores que contribuyen a engrasar la maquinaria de la gran distribución.

    Un saludo.

    Javier Varela

  • 2 Imagen de www.gravatar.com
    hebus
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    Aún valorando positivamente la validez de los argumentos creo que es reductor el limitar los contra argumentos al campo de lo exclusivamente emocional.

    El pequeño comercio, especialmente en ciudades pequeñas, puede tener un componente disciplinario para las grandes superficies. De hecho su desaparición crea monopolios/oligopolios locales que ven modificados sus incentivos a mantener parte de los beneficios que el consumidor obtenia antes de la expulsión del mercado del pequeño comercio.

    Se puede considerar los puestos de trabajo que genera el pequeño comercio, más intensivo en mano de obra, como una externalidad positiva para la economia local. Por definición un mercado no regulado generara un equilibrio ineficiente en ese caso al no internalizar ese efecto.

    El hecho de que parte de las ventajas del pequeño comercio, vida de un lugar, cercanía para urgencias, conocimiento especializado, puedan ser aprovechadas por los que no son clientes habituales les confieren un componente de bien publico. En ese caso las fuerzas del mercado tampoco llevan a una solución optima.

    Aunque no sea de modo formal los sentimientos en defensa del pequeño comercio si tiene un componente racional

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