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Startup

Comenzamos una nueva etapa en nuestra iniciativa conceptos de economía. Con esta entrada inauguramos una nueva sección en la que os presentaremos los principales términos y definiciones que forman parte del mundo del emprendimiento y qué mejor forma para hacerlo que comenzando por un término clave, el de startup.

Una startup podría definirse como una empresa de nueva creación que presenta unas grandes posibilidades de crecimiento y, en ocasiones, un modelo de negocio escalable.

Aunque el término de startup puede referirise a compañías de cualquier ámbito, normalmente suele utilizarse para aquellas que tienen un fuerte componente tecnológico y que están relacionadas con el mundo de Internet y las TICs. Debido a estas características las startups tecnológicas suelen diferenciarse de otras empresas jóvenes en sus posibilidades de crecimiento y necesidades de capital.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones aquí mismo, las empresas tecnológicas y de Internet tienen asociados unos costes de desarrollo menores que empresas de otros ámbitos. Esto hace que las necesidades de financiación para su puesta en marcha sean sensiblemente inferiores, lo que facilita otro aspecto clave mencionado anteriormente: su crecimiento en el medio y largo plazo.

Los inversores y la transición hacia su madurez

La gran mayoría de startups no utilizan fuentes de financiación tradicionales como pueden ser créditos de bancos y otros vehículos similares, optando por capital aportado por inversores a cambio de un porcentaje de la empresa en aquellos casos en los que la startup no cuente con un modelo de negocio de sus primeros meses de vida.

La tipología de inversores en el mundo del emprendimiento es muy amplia y va desde los FFF (friends, family y fools), que suelen ser claves en los primeros años de vida, hasta el Venture Capital o Private Equity que aportan fondos en etapas más avanzadas. Todos estos conceptos los iremos definiendo en futuras entregas.

Ejemplos de startups existen muchos, tanto a nivel internacional como a nivel español. Google, Twitter, Facebook, Tuenti o Privalia comenzaron siendo startups y con el paso de los años se han convertido en gigantes empresariales con cientos de empleados y un número importante de ingresos y beneficios. Un debate que suele asociarse con este concepto es el momento en el que una startup deja de serlo y pasa a convertirse en una empresa al uso.

Sobre esta cuestión no existe ninguna conclusión definitiva. En ocasiones suele afirmarse que en etapas avanzadas el concepto de startup pasa a estar ligado a la estructura corporativa, forma de trabajar y ambiente de una empresa en vez de a las características mencionadas anteriormente.

Startups con modelo de negocio, ¿o no?

En la introducción del post comentábamos que, en ocasiones, las startups presentan un modelo de negocio escalable. Dicha apreciación es importante porque existen muchos ejemplos de startups que nacen sin un modelo de negocio y que incluso son vendidas antes de encontrar uno.

El caso más conocido por todos es el de Instagram, que fue comprada por Facebook hace un año aproximadamente por más de 700 millones de dólares. Instagram no tenía (ni tiene) un modelo de negocio y sin embargo Mark Zuckerberg decidió desprenderse de unos cuantos millones para hacerse con ella. ¿Por qué? Por las posibilidades de crecimiento que la empresa de Kevin Systrom presentaba en esos momentos.

Con respecto al modelo de negocio de las startups es importante apuntar que un buen número terminan siendo vendidas a otras empresas más grandes. Es lo que se conoce con el nombre de exit, concepto en el que profundizaremos en futuras entregas.

A pesar de que todo parezca de color de rosa, lo cierto es que la gran mayoría de startups mueren a los pocos meses o años de vida. Un estudio publicado en septiembre de 2012 por Shikhar Ghosh y recogido en el Wall Street Journal afirma que tres de cada cuatro startups financiadas por Venture Capital no consiguen devolver el dinero prestado. Cifras que en cualquier otro contexto empresarial podrían asustar pero que, dados los bajos costes que en la mayoría de ocasiones supone poner en marcha una startup, no resultan tan impactantes.

En El Blog Salmón | Instagram, el caso de la empresa sin (apenas) ingresos que vale 1.000 millones de euros

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