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Hace unos días, mientras esperaba mi turno para pagar en la caja de un supermercado, observé como una familia hacía cábalas con el dinero para intentar pagar una serie de artículos de primera necesidad. Se trataba de un matrimonio joven con un niño de apenas doce años. Intentaban comprar papel higiénico, un salchichón, un paquete de garbanzos y un pollo envasado. Como el dinero no les daba para todo, pidieron a la cajera que le hiciese varias combinaciones para ver qué podían llevarse a casa por unos ocho euros. Finalmente, descartaron el papel higiénico.

Justo antes de marcharse, el niño, que se había mantenido expectante todo el tiempo, preguntó a su padre: “Papá, ¿cuándo se acaba la crisis?”. Esta situación tan triste me hizo reflexionar sobre lo mal que lo está pasando mucha gente en la actualidad y recordé un par de nuevos conceptos económicos que han surgido en España como consecuencia de la crisis económica: el madmaxismo y el lonchafinismo.

El madmaxismo podría definirse como el estadio superior al burbujismo. Este término nace en honor a la película Mad Max (donde se mostraba un mundo en decadencia en el que había que sobrevivir como fuese) y hace referencia a distintas técnicas de supervivencia ante la crisis: desde cultivar tu propio huerto hasta comprarte un rifle para proteger tus propiedades. Se cree que la cifra de madmaxistas crece de forma proporcional al número de desempleados, correspondiendo un importante porcentaje de esta masa a dos perfiles muy concretos de personas: inmigrantes que acudieron a España buscando una oportunidad en años de bonanza económica y jóvenes matrimonios hipotecados que no pudieron hacer frente a su deuda.

La historia del lonchafinismo, mientras tanto, parece un poco más compleja. Todo apunta a que el término fue acuñado en un conocido foro burbujista de internet, cuando uno de sus participantes observó mientras hacía cola en la charcutería de un conocido hipermercado español como el charcutero preguntaba a todos sus clientes si preferían las lonchas de jamón de york finas o gordas, a lo que la mayoría respondían: “finas no, finísimas”. Este hecho se asoció a un intento por sacar el máximo número de lonchas posibles para un mismo peso de jamón de york como medida cutre y socialmente disimulada que ayudase a llegar a final de mes a muchas familias ahogadas por la crisis.

El lonchafinista es, por tanto, aquel que por tratar de mantener una imagen de normalidad y bonanza económica, recurre a la modificación de sus hábitos alimenticios a base de reducir el tamaño y calidad de las viandas en pro de conseguir cierta solvencia monetaria.

En definitiva, madmaxismo y lonchanifismo son movimientos fuertemente implantados en la cultura española que ganan adeptos día tras día. Si conoces a alguien que presuma de llevar el tupper al trabajo para no almorzar en el bar, aguantar los zapatos hasta que las suelas estén combadas, conducir el Ford Fiesta a puntita de gas, rellenar la botella de Solán de Cabras con agua del grifo o aparcar el coche a 200 metros de casa para ahorra gasolina… no lo dudes, tienes ante ti a un miembro honorífico de la tendencia más “chic” del momento. Eso sí, ten algo muy presente: madmaxismo y lonchafinismo no son una opción, sino una forma de vida.

En El Blog Salmon | Aprende a manejar tus finanzas personales, Diez manuales sobre la economía sumergida y lonchafinismo

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