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Los errores de Jean-Claude Trichet sumergen a Europa en un callejón sin salida

Los errores de Jean-Claude Trichet sumergen a Europa en un callejón sin salida
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En julio de 2008, antes de la caída de Lehman y cuando arreciaba la mayor de las crisis financieras de que se tenga memoria, Jean-Claude Trichet, cabeza del Banco Central Europeo, cometió el primero de los errores que ha emprendido en el manejo de esta crisis, ayudando a profundizarla aún más: subió las tasas de interés. Como la única preocupación del Banco Central Europeo es el control de la inflación, Trichet actuó para contrarrestar el incremento en el precio del petróleo que por esos días llegaba a los 145 dólares el barril. El alza en las tasas de interés buscaba presionar los precios a la baja. Pero la decisión fue bastante poco oportuna pues la crisis ya estaba en marcha (comenzó en julio de 2007 con el estallido de la crisis subprime) y el crecimiento europeo comenzaba a tambalearse y a los dos meses la economía mundial se derrumbaba por completo y la inflación desaparecía del horizonte.

Los seguidores de las corrientes monetaristas nunca aprenden la lección, y este año, mientras muchos países europeos luchan con el alto desempleo, con el lento crecimiento y con el problema de la deuda que afecta a Grecia, Irlanda y Portugal, y también a España e Italia, Trichet, para diferenciarse de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, en un gesto casi de pura arrogancia, subió las tasas de interés, primero en abril y luego en julio, haciendo ver que Europa “ha superado la crisis”. Sin embargo, el infortunio fue más fuerte y el crecimiento europeo se estancó y la crisis de la deuda se hizo más profunda.

Al elevar las tasas de interés, el BCE aumentó los costos de endeudamiento y puso un freno al crecimiento económico, ralentizándolo aún más, exactamente lo contrario de lo que se requería. En este punto, el BCE se mantuvo firme con su mandato del control de precios, aunque condujera a la economía europea al caos. Curiosamente, a Trichet no le ha importado trasgredir su única orden cuando se ha convertido en prestamista de último recurso de los bancos privados de Europa (algo que no está en la Ley del BCE), o cuando ha comprado bonos de los gobiernos de Italia y España para mantener a estos países a flote.

Las políticas de Jean-Claude Trichet reflejan la obsesión que tienen siempre las políticas monetaristas y los seguidores de estas políticas por el problema de la inflación. Por eso es útil recordar que las políticas antiinflacionarias están en la génesis de la actual crisis dado que permitieron al gran capital actuar a sus anchas y disfrutar de los enormes beneficios del globalismo, a expensas de los equilibrios macroeconómicos y del empleo.

Ahora, cuando los problemas económicos se reducen a estos dos ejes centrales: demasiada deuda y estancamiento económico, las políticas monetarias no tienen nada que ofrecer y sólo agrandan el problema con sus exigencias de austeridad y las imposiciones de recortes en el gasto público. Esta vía no hace más que prolongar el serio estancamiento en que está la economía actual, con su lastre de desempleo y débil demanda.

Lo desconcertante de este enfoque del BCE es que sólo la minoría más rica es la que se beneficia (como siempre ocurre con las políticas monetarias, baste seguir la huella del incremento de la desigualdad en Estados Unidos, el pionero de estas políticas), mientras la gran mayoría resulta perjudicada. Si la UE quiere dar un paso adelante debe generar un estructura que vele no solo por la estabilidad de precios, sino también por la estabilidad del empleo, el crecimiento y la equidad entre los distintos países que congrega. Ahora que la crisis entra en una nueva fase, el BCE deberá en forma urgente resetear sus prioridades de política.

En El Blog Salmón | Nada de recuperación para Estados Unidos y Europa, Espiral sin fin de la crisis tiene al mundo atrapado entre la espada y la pared, Fuego cruzado financiero invade a la zona euro y los líderes siguen atónitos el curso de los hechos

Imagen | Washington Post

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