Después del shock inicial que se ha producido en la opinión pública después del anuncio de la reforma de la Constitución para limitar el déficit público, tenemos que tener en cuenta que se va a acometer una modificación legal de tal calado que puede atar de pies y manos al Estado de tal manera que lo estrangule totalmente si esta modificación no se ata muy en corto y con una buena base.
A la hora de realizar un ajuste fiscal en las cuentas públicas, tenemos que tener presente el mecanismo cíclico de la economía y cómo los ciclos presupuestarios se pueden alterar para dejar de ser contracíclicos para ser neutros o incluso cíclicos. En román paladino, un ciclo presupuestario contracíclico es aquel que debe generar superávit cuando la economía está en expansión y déficit (con control y cautela claro está) cuando la economía está en recesión. De entrada, una modificación mal diseñada sobre el límite de déficit rompe de plano con el mecanismo contracíclico de las cuentas públicas. Veamos cómo podemos diseñar este límite sin cargarnos la estructura fiscal del Estado
Obligación presupuestaria de superávit
Si queremos tener cierto margen contracíclico en recesión, es imprescindible que en los ciclos expansivos de la economía tengamos superávit. No hay otra fórmula, es así de sencillo. El déficit permanente trae situaciones críticas como la que estamos viviendo en estos tiempos. Y por supuesto, este superávit, debe ser para todas las administraciones públicas, no sólo para el Estado.
Con estas premisas, reformar nuestra política fiscal, entendiendo por dicha política el esquema de ingresos tributarios y gastos públicos es una necesidad que debería estar superada hace tiempo. La realidad es que los diferentes gobiernos a lo largo de la historia, con contadas excepciones como ocurrió en 2007, han incurrido sistemáticamente en déficit, con crecimiento económico o sin él.
Ahora bien, leyendo varios medios, da la impresión que se quiere mantener el tren de gasto público ascendente, se recaude lo que se recaude y crezca la economía lo que crezca. Comparando con el ejemplo doméstico, si un año he ingresado 60.000 euros quizá me pueda ir de vacaciones al Caribe pero si el año siguiente no los tengo, no podré veranear en el Caribe de por vida. El modelo que se pide en algunos medios, da a entender que siempre hay que mantener el mismo ritmo y que Keynes es el maestro a seguir, dado que a largo plazo, todos muertos y que el siguiente espabile.
Límite de déficit no tiene que significar pérdidas sociales
La segunda idea que se está vendiendo desde ya, sin aún conocer el alcance legislativo de la norma es que imponer un techo al déficit, recordemos diferencias entre ingresos públicos y gastos públicos, repercutirá directamente en la pérdida de prestaciones sociales. Error, este limite debe meter en cintura a todos los políticos que gestionan los recursos públicos para que gasten de manera eficiente y no exista despilfarro y también, para que se recaude correctamente. No olvidemos la componente de los ingresos en la política fiscal
La reflexión siguiente que hay que hacerse y ésta si es mucho más profunda repercute directamente sobre lo que se entiende por “Estado de Bienestar” y el alcance de los servicios públicos. Pongo un par de ejemplos, en España ahora mismo tenemos 17 sanidades distintas, zonas en las que comunicarse es una odisea o aeropuertos con 17 pasajeros. ¿Qué es el Estado del bienestar? Un AVE en la puerta de casa de todos nosotros y 17 modelos sanitarios y educativos diferentes? Esa es la clave, la asignación equitativa, eficiente y homogénea del reparto de la riqueza.
El alcance legislativo del techo de déficit, a medio / largo plazo
Una medida de este tipo, debe contemplar con facilidad los ajustes necesarios en varios ejercicios económicos para que el Estado no colapse. Es decir, la medida debe fijar el límite pero tiene que ser flexible. Esta flexibilidad sólo es posible ampliando el espacio temporal y presentando mecanismos correctores si en un ejercicio económico se incumple.
Es decir, si no queremos que el Estado colapse por insuficiencia de recursos económicos, el mecanismo tiene que ser flexible ¿Es posible diseñar una medida de este alcance en menos de quince días? No lo creo, pero tanto Zapatero como Rajoy sí. Esto es un verdadero problema, porque no he visto todavía ningún economista que la vea clara, ya sea de una tendencia u otra.
La fórmula legislativa escogida ¿es imprescindible recurrir a la Constitución?
Decididamente no, no es imprescindible marcar constitucionalmente un techo de déficit. Existen infinidad de fórmulas legales para controlar esto, la primera mediante la propia Ley de Presupuestos Generales, pero da la impresión que ahora vienen las prisas por autolimitar nuestra capacidad de despilfarro.
Es el equivalente al alcohólico o drogadicto que necesita que lo desenganchen y vigilen dado que no es capaz de cambiar sus hábitos si no tiene una imposición superior. En Nada es Gratis apuntan a una carta secreta desde Europa que nos exija esta modificación. Es probable que así sea.
Algunas ventajas que tiene este límite del déficit
Dado que ya he señalado algunos puntos negativos y bastante complejos de resolver, estos límites también pueden tener sus ventajas. Por ejemplo, los famosos PlanesE o el FROB no habrían sido posibles dado que no se encontraban reflejados dentro de los presupuestos generales y son una buena causa del déficit acumulado en el año 2009/2010.
El Estado tendría que asumir su papel de prestador de servicios públicos pero no tendría porqué salir al rescate de entidades financieras. ¿Adónde hubiéramos llegado? A que el propio sector financiero tendría que haber purgado sus males sin contar con el respaldo público. En esta misma línea, también podríamos extendernos sobre subvenciones, ayudas públicas de todo tipo y la propia estructura organizativa del Estado. Ese es el debate de fondo en toda esta crisis, no otro.
En El Blog Salmón | PSOE y PP pactan reformar la Constitución para establecer un límite de gasto, ¿Por qué es importante reducir el déficit público
Comentarios
Dejando al margen lo de los recortes sociales (es en los presupuestos de las CCAA donde está el peso del bienestar, y no se sabe nada de esto), las supuestas ventajas del techo no serían efectivas en la situación que nos encontramos. Alemania, si no me equivoco, es el único país europeo que tiene dicho techo; y el techo hay que respetarlo salvo en caso de desastres naturales o en una situación de recesión profunda, que es el caso en el que nos encontramos.
aleccionando, remo, "ai tus wevos", no comparto algunas reflexiones o modelos, pero articulazo, aprendoaprendoaprendo. Un saludo.
Como bien apunta Remo, es preocupante que nuestros políticos, cual drogadictos o ludópatas, tengan que montar este tinglado para no volver a caer en gastos excesivos. ¿En manos de quien estamos?. Muy posiblemente sea un medida impuesta desde fuera para contentar a "los mercados", pero de nuevo nos lleva a cuestionarnos un sistema que necesita introducir este tipo de reformas para coartar la libertad de acción y flexibilidad de los gobiernos en materia económica admitiéndose con ello la presunción de culpabilidad al admitirse que los gobiernos siempre actuan a corto plazo y como si las deudas no hubiera que pagarlas nunca. Esta reforma, de llevarse a cabo, algo que dudo, supone admitir el mal funcionamiento del sistema, un parche y aceptar el mal menor. Los gobiernos deberían ser libres para gestionar el gasto de la mejor de las maneras, poder endeudarse si así se requiere y buscar el superavit cuando la situación lo permita. El pueblo debería estar informado de a qué se destinan sus impuestos y en consecuencia poder elegir a sus dirigentes, premiarlos o llegado el caso, juzgarlos, y todo ello en libertad, sin verse encorsetados por un artículo de la Constitución que les diga que todos los años deben tener déficit cero.
4 Comentario moderado
-25http://www.irreverendos.com/wp-content/uploads/2011/06/explicacion-crisis.jpg
JAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAcof! cof! cof! puag! JAJAJJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJJAJ
De entrada estoy de acuerdo con el artículo. Aquí es de recibo la fabula de la cigarra y de la hormiga: hay que actuar como la hormiga, ahorrar -tener superavit- en los buenos tiempos para poder gastarlo en los malos. Muchos de los keynesianos actuales parece que gustan más de ser cigarras pues se olvidan de que para gastar hay que ahorrar.
Lo malo de la política democrática es que lo que importa son los votos para ganar el sillón. Con ello quiero decir que durante las épocas de vacas gordas se opta por reducir impuestos -y por lo tanto ingresos estatales- porque queda bien de cara a la galería y hace ganar votos, por no hablar que ello se convirtió, y seguramente sigue siendo, un paradigma neoliberal. Es como si se pensara que nunca volverán las épocas dificiles. Bueno, vemos que no es así. La avaricia siempre rompe el saco y basar la economía en ella, el royo de los mercados perfectos y de la mano invisible, solo hay que ver a donde nos ha conducido.
No sé como se va a aplicar esa norma pero si no se limita el gasto de ayuntamientos y autonomías posiblemente de poco sirva que se limite el del estado. Y de hacerlo habrá que ver como se hace porque aquí cada autonomía tira para lo suyo, no hay un verdadero sentimiento de unión, y menos aún en las comunidades llamadas nacionalistas. En España la diferencia vende más que la igualdad.
A mi lo que me parece una farsa, es que tengamos que reformar la constitución para ponernos un límite de gasto, porque nos lo ordenen los bancos alemanes.
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