Después del shock inicial que se ha producido en la opinión pública después del anuncio de la reforma de la Constitución para limitar el déficit público, tenemos que tener en cuenta que se va a acometer una modificación legal de tal calado que puede atar de pies y manos al Estado de tal manera que lo estrangule totalmente si esta modificación no se ata muy en corto y con una buena base.
A la hora de realizar un ajuste fiscal en las cuentas públicas, tenemos que tener presente el mecanismo cíclico de la economía y cómo los ciclos presupuestarios se pueden alterar para dejar de ser contracíclicos para ser neutros o incluso cíclicos. En román paladino, un ciclo presupuestario contracíclico es aquel que debe generar superávit cuando la economía está en expansión y déficit (con control y cautela claro está) cuando la economía está en recesión. De entrada, una modificación mal diseñada sobre el límite de déficit rompe de plano con el mecanismo contracíclico de las cuentas públicas. Veamos cómo podemos diseñar este límite sin cargarnos la estructura fiscal del Estado
Con estas premisas, reformar nuestra política fiscal, entendiendo por dicha política el esquema de ingresos tributarios y gastos públicos es una necesidad que debería estar superada hace tiempo. La realidad es que los diferentes gobiernos a lo largo de la historia, con contadas excepciones como ocurrió en 2007, han incurrido sistemáticamente en déficit, con crecimiento económico o sin él.
Ahora bien, leyendo varios medios, da la impresión que se quiere mantener el tren de gasto público ascendente, se recaude lo que se recaude y crezca la economía lo que crezca. Comparando con el ejemplo doméstico, si un año he ingresado 60.000 euros quizá me pueda ir de vacaciones al Caribe pero si el año siguiente no los tengo, no podré veranear en el Caribe de por vida. El modelo que se pide en algunos medios, da a entender que siempre hay que mantener el mismo ritmo y que Keynes es el maestro a seguir, dado que a largo plazo, todos muertos y que el siguiente espabile.
La reflexión siguiente que hay que hacerse y ésta si es mucho más profunda repercute directamente sobre lo que se entiende por “Estado de Bienestar” y el alcance de los servicios públicos. Pongo un par de ejemplos, en España ahora mismo tenemos 17 sanidades distintas, zonas en las que comunicarse es una odisea o aeropuertos con 17 pasajeros. ¿Qué es el Estado del bienestar? Un AVE en la puerta de casa de todos nosotros y 17 modelos sanitarios y educativos diferentes? Esa es la clave, la asignación equitativa, eficiente y homogénea del reparto de la riqueza.
Es decir, si no queremos que el Estado colapse por insuficiencia de recursos económicos, el mecanismo tiene que ser flexible ¿Es posible diseñar una medida de este alcance en menos de quince días? No lo creo, pero tanto Zapatero como Rajoy sí. Esto es un verdadero problema, porque no he visto todavía ningún economista que la vea clara, ya sea de una tendencia u otra.
Es el equivalente al alcohólico o drogadicto que necesita que lo desenganchen y vigilen dado que no es capaz de cambiar sus hábitos si no tiene una imposición superior. En Nada es Gratis apuntan a una carta secreta desde Europa que nos exija esta modificación. Es probable que así sea.
El Estado tendría que asumir su papel de prestador de servicios públicos pero no tendría porqué salir al rescate de entidades financieras. ¿Adónde hubiéramos llegado? A que el propio sector financiero tendría que haber purgado sus males sin contar con el respaldo público. En esta misma línea, también podríamos extendernos sobre subvenciones, ayudas públicas de todo tipo y la propia estructura organizativa del Estado. Ese es el debate de fondo en toda esta crisis, no otro.
En El Blog Salmón | PSOE y PP pactan reformar la Constitución para establecer un límite de gasto, ¿Por qué es importante reducir el déficit público