
Siguen y seguirán sin exigirse responsabilidades, y al final asistiremos atónitos a las nuevas fórmulas que se lo ocurra al Gobierno para conseguir salvar la situación. Poca escapatoria tenemos los ciudadanos de a pie de no acabar pagando el pato de una u otra forma, sea vÃa impuestos, con la ayuda del BCE, o vÃa deuda pública.
No somos pocos los que no estamos dispuestos a pagar los platos rotos, la dificultad está en saber como podrÃamos hacerlos, ya que no nos podemos negar a pagar sin más, nosotros no somos los que hacemos y deshacemos las leyes en nuestro propio beneficio.
Lo que es todavÃa una incógnita es en concepto de qué llega ese dinero a Bankia, si ese dinero será o no devuelto algún dÃa es un misterio que tardará en ser desvelado, como ha venido ocurriendo con el dinero inyectado para “rescatar” otras entidades.
Todo el asunto de Bankia huele a estafa, en la que unos pocos se lo llevan calentito a costa de muchos pequeños inversores. Poco se ha hablado de la evolución de la cotización de las acciones de Bankia hasta su suspensión, pero la consecuencia segura es que muchos pequeños inversores han perdido mucho mientras, con toda seguridad unos pocos grandes inversores han sacado una buena tajada en muy poco tiempo.
Asusta ver como se sigue una y otra vez “ayudando” a los culpables de que estemos en esta situación de crisis, mientras se hace creer a los ciudadanos que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” (unos más que otros) y “nos hemos de apretar el cinturón” (de nuevo unos más que otros), para que otros sigan llevándoselo todo, y a los que pagamos la fiesta ni siquiera se nos deja ver que es lo que se ha consumido.