
En estos tiempos en los que tenemos un Gobierno que parece estar representando una suerte de versión de Esperando a Godot, una tragicomedia absurda a cuenta del rescate, no está mal volver la cabeza hacia los clásicos. Y para los fans del Estado absoluto, que se multiplican en estos tiempos, nada mejor que Hobbes ya que, después de todo, me resulta difícil calificar al MEDE como otra cosa que no sea un Leviatán financiero.
El MEDE es el Mecanismo Europeo de Estabilidad, una nueva institución que será la última ratio en materia de rescates financieros, un fondo de rescate permanente, más allá del FEEF, o Facilidad Europea de Estabilización Financiera (FEEF), que viene a ser temporal. Pero, ¿qué se oculta detrás de esas siglas? El poder, el poder absoluto.
En esto radica la esencia del Estado, que puede definirse como sigue: persona resultante de los actos de una gran multitud que, por pactos mutuos, la instituyó con el fin de que esté en condiciones de emplear la fuerza y los medios de todos, cuando y como lo repute oportuno, para asegurar la paz y la defensa comunes. El titular de esta persona se denomine soberano y su poder es soberano; cada uno de los que lo rodean es su súbdito.
Si esta era la idea de Estado de Hobbes, el MEDE no es otra cosa más que su evolución lógica. A continuación citaré literalmente algunos de los privilegios del MEDE, extraídos de su Tratado Constitutivo:
Se trata, por tanto, de una suerte de Estado virtual, que goza de un estatus superior, diría yo, al de los cuerpos diplomáticos, pues estos si que deben responder ante los Tribunales de su propio país.
A esto es a lo que llevan las crisis, no al triunfo del liberalismo, querida Naomi.
PD: Y su falta de legitimidad democrática no es su principal pecado. Si hubiese sido sometido a referéndum y aprobado por mayoría, seguiría siendo una absoluta barrabasada. Los votos no legitiman el totalitarismo, y los que critican al MEDE de este modo son iguales que sus defensores.
Más información | Tratado MEDE
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