Un keynesiano en el Fondo Monetario Internacional

Onésimo Alvarez-Moro 16 de diciembre de 2008 2 comentarios

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Hace un tiempo hablé del éxito de la estrategia francesa de llenar los puestos más importantes de las organizaciones internacionales con sus nacionales. El objetivo es obvio, para que las decisiones importantes se tomen en los despachos franceses y no en reuniones internacionales donde otros tendrán también que dicir.

En el actual entorno, estamos oyendo mucho del director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), ciudadano francés, pero también del presidente del Banco Central Europeo, ciudadano francés, y del director general de la Organización Mundial del Comercio, ciudadano francés.

Puedo continuar con el presidente del banco europeo de reconstrucción y desarrollo (BERD), ciudadano francés, sin olvidar los seis meses decisivos del presidente de Francia como presidente de la Unión Europea, donde ha organizado cumbre en Washington y también las reuniones europeas para coordinar los planes multimillonarios que quieren establecer antes del fin de mes, es decir, antes de que se vaya.

Con esta presencia dominante en los más altos niveles de las organizaciones mundiales tratando temas económicos, la voz de Francia es dominante en el discurso sobre cómo responder a la actual crisis.

Teniendo en cuenta el gusto de los políticos franceses de gastar el dinero de los contribuyentes en proyectos elegidos por los políticos, no sorprenderá que ahora oímos un distinto discurso del FMI, el de gastar, gastar y gastar.

A mi me gustaba el anterior mensaje del FMI al gobierno español, de flexibizar más la economía y controlar más el gasto.

Ese mensaje anterior también hablaba de reformar la institución, como ahora se habla mucho, pero eran reformas para hacer sus programas más efectivos y coordinarlos mejor con las políticas domésticas de los países que estaban ayudando.

El FMI hay que reformarlo, pero mejor reformar su efectividad y la forma de eligir sus directores generales. Deberían ir por ahí los tiros.

Vía | El País
En El Blog Salmón | La influencia francesa global gana

Comentarios

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    Y tampoco hay que olvidar a Hervé Hannoun, ciudadano francés, que es director general adjunto del Banco Internacional de Pagos, donde están asociados los bancos centrales del mundo. Además, como el puesto de director general está vacante, ¿quién pensais que está ejerciendo ahí también?

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    Solemos decir que existe un seleccionador de fútbol en cada español … En cada francés hay un político. En Francia, hasta el último mono-francés, franceses de primera generación, universitarios, artistas, tienen una palabra que decir. El estudio de su estado, el origen de éste y su peso en el panorama mundial y global está al orden del día en cualquier conversación cotidiana y de una manera casi exagerada –para una española acostumbrada a que en su país se critique hasta rayar en el mal gusto, el nihilismo y el esperpento-.

    Hay, sin embargo, en el sentir francés, una consciencia de pérdida de presencia y de poder en el mundo que les acompleja. Las referencias a Charles de Gaulle y a la grandeur empiezan a ser enfermizas. De ahí la omnipresencia de Sarkozy.

    La capacidad de convencer, la retórica, la filosofía e incluso la literatura son armas que emplean a la perfección. Son lobbistas y están presentes en cada reunión, cada encuentro, cada grupo de presión. Son comerciales. Se venden 24 horas al día. En cambio, en el sur de Europa, nuestros actos están embebidos de una cierta “vergüenza latina” que nos impide pedir, ir, estar, o tomarnos por alguien importante. Nuestras redes de influencia funcionan muy bien para entrar en una discoteca sin pagar o veranear en Ibiza. Cuestión de inteligencias. La nuestra es emocional. La de ellos, política y económico-intervencionista.

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