Hoy, arrancan las manifestaciones de aniversario del 15M; manifestaciones que ya sea por unos motivos u otros creo que la mayoría de la sociedad tiene razones más que suficientes para mostrar su descontento con la clase política y los poderes económicos.
En esta semana, se ha ratificado que ya todos los ciudadanos somos mercancia en manos de políticos y Bankeros. Sí, Bankeros con K y mayúscula porque el estoque nos lo ha dado este Gobierno con la nefasta decisión de nacionalizar Bankia y traspasar al mismísimo corazón del sector público el epicentro del tsunami financiero. Hagamos unas operaciones para entender porqué vamos directos al desastre a toda velocidad.
Es decir, supongamos que hubiera entrado en liza Santander y BBVA con una incertidumbre de pérdida de 6.000 millones de euros. Las garantías que el Estado debería haber aportado son sólo unos créditos fiscales a repartir en 5 o 10 años de 6.000 millones de euros. Esto sí lo podría haber asumido el Estado como contrapartida de la garantía del Fondo de Garantía de Depósitos y recuperarlo por esta vía en el futuro. Tengamos en cuenta que hablamos de las cuentas corrientes de millones de personas que no tienen culpa del desaguisado de Bankia.
El resto del balance, en torno a 120.000 millones de euros, se ejecuta su liquidación y quién pierda el dinero que no lo hubiera puesto. Así de sencillo y aquí entran en juego los accionistas de Bankia, los titulares de preferentes, deudas subordinadas y otros vehículos de financiación extraños. En esta sociedad, se lleva a cabo una liquidación ordenada de activos y pasivos y a otra cosa mariposa.
Respecto los trabajadores, oficinas y clientes; el proceso de venta de la cartera de activos y pasivos llevaría aparejado un proceso importante de reducción de oficinas. Es inevitable, al igual que lo va a ser en el futuro.
Las consecuencias para nuestras finanzas públicas son desastrosas y no generarán beneficios en el futuro tal y como dijo De Guindos ayer en el consejo de Ministros. Esta operación es una ruína impresionante dados los costes de financiación de España en los mercados y el más que previsible aumento de la prima de riesgo por estas operaciones. Bankia puede suponer perfectamente un aumento entre el 1% y el 30% del PIB en emisión de deuda pública a unos costes financieros del 6%.
Una economía en recesión, con una tasa de paro en torno al 24%, un déficit galopante, aumentar la deuda pública en circulación en estos niveles es sencillamente la puntilla que nos falta para que la economía quiebre antes del verano o en el mejor de los casos, tome el control de nuestras cuentas públicas el FMI/BCE. Por eso, hoy ya si podemos afirmar sin ningún rubor que somos mercancia rota en manos de políticos y bankeros que se han encargado de destruir la economía española con la peor decisión económica de un Gobierno inepto.
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