La comisión Europea ha reconocido que el uso del biodiésel puede amenazar al bosque tropical, especialmente en Asia. Esta declaración ha venido acompañando al anuncio de su intención de incrementar el uso de biocombustibles de aquí al 2020. Esta decisión pretende ayudar a cumplir el protocolo de Kyoto por un lado y por otro se pretende reducir la dependencia energética. Un buen negocio, pero como dice el anuncio de “La Caixa”: aparentemente.
Un incremento en la demanda de biocarburantes por parte de la UE puede significar una señal muy importante para los países pobres. Un gran mercado bastante proteccionista en productos agrícolas está dispuesto a aceptar la compra de productos agrícolas. Quiere comprar menos oro negro y comprar más materia orgánica. Sus coches necesitan moverse y lo van a hacer con aceite de palma, etanol u otro producto.
Y aquí entran muchos países como puedan ser Brasil o del sudeste asiático. Tienen extensiones de tierra más o menos fértil, lluviosa y virgen, dispuesta a ser talada y después cultivada. El producto se venderá al mercado europeo donde se utilizará para hacer moverse un montón de coches. Los europeos mueven sus coches, los asiáticos venden sus productos a los europeos y todos felices.

Nada menos que General Motors, Ford y Chrysler, los pesos pesados del sector del automóvil en los Estados Unidos. En su entrevista de ayer con el presidente Bush reivindicaron ayudas y subvenciones para potenciar el uso de los denominados biocarburantes y reducir la actual dependencia de los combustibles fósiles, en especial del petróleo.