
Cada año es más pronto. Pero el consumismo manda, y según todos los centros comerciales, ya es “casi” Navidad. Así que habrá que ir haciendo los preparativos. Una de las costumbres más ¿extendidas? (ahora vamos a eso) en las empresas españolas es la confección de cestas de navidad para obsequiar a empleados, clientes y demás personas afines a la empresa en estas fechas. Vinos, cavas, turrones, polvorones y embutidos son los reyes del contenido de estas cestas, aunque hay que reconocer que cada vez es más amplio el abanico de productos que se engloba bajo esta categoría.
Y es que con más o con menos cantidad, con más o con menos calidad, con una presentación más esplendorosa o en caja de cartón, a domicilio o de las de “llévese usted mismo” (es curioso ver por la calle a personas “desriñonadas” con su cesta desde su centro de trabajo a su casa… ¡menudo regalo envenenado!), el rango de posibilidades a disposición de las empresas para llevar a cabo este obsequio es cada vez más abierto (y también en coste).
