Síguenos

CIT


Dentro de la teoría de la elección del consumidor que investiga el comportamiento de un agente económico en su caracter de consumidor de bienes y servicios, existe una herramienta extremadamente útil para facilitar el análisis de las consecuencias de las variaciones de los precios. Esta herramienta se conoce como las curvas de indiferencia, que proporciona las diferentes combinaciones de bienes que otorgan el mismo nivel de utilidad o satisfacción a un individuo. Este es el tema que desarrollamos hoy en nuestros Conceptos de Economía.

La curva de indiferencia se traza simplemente preguntando a un individuo qué combinación de bienes prefiere, por ejemplo: 10 hamburguesas y 5 películas; 15 hamburguesas y 3 películas, 20 hamburguesas y 2 películas, o 5 hamburguesas y 7 películas. Nótese que a medida que una opción aumenta, la otra disminuye. Cuando se llega a dos opciones que son indiferentes para el individuo, estos dos puntos que las representan se encuentran en la misma curva de indiferencia. Si se desplaza a lo largo de la curva en un sentido, está dispuesto a aceptar más películas a cambio de menos hamburguesas, si se desplaza en el otro sentido está dispuesto a aceptar más hamburguesas y menos películas. Pero cualquier punto dentro de esa curva (por ejemplo la curva A de la gráfica), le reporta el mismo nivel de satisfacción.

En la época victoriana, los filósofos y economistas hablaban de “utilidad” como indicador del bienestar general de las personas. De acuerdo a esta idea era natural pensar que los consumidores tomaban sus decisiones con vistas a maximizar la utilidad. El problema es que estos economistas nunca describieron cómo medir la utilidad, dado que éste es un concepto subjetivo que no reporta lo mismo para otra persona. Por ello más tarde se abandonó la idea de utilidad como medida de felicidad y se reformuló la teoría de la conducta del consumidor en función de sus preferencias.

La curva de indiferencia muestra las diferentes combinaciones entre dos bienes que reportan la misma satisfacción a una persona, y que son preferidas a otras combinaciones. Por ejemplo, todas las combinaciones posibles de hamburguesas o películas que reportan a la persona el mismo nivel de utilidad o satisfacción. La curva de indiferencia refleja simplemente las preferencias entre pares de bienes y no tiene relación alguna con el dinero o con los precios. A lo largo de la curva de indiferencia cada punto tiene un valor monetario distinto, pero su satisfacción es la misma.

Asimismo, si el individuo tiene la opción de aumentar el número de hamburguesas sin disminuir el número de películas significa que se encuentra ahora en una nueva curva de indiferencia, que le reporta mayor utilidad que la anterior (pasa de la curva A a la curva B, o de la curva B a la curva C). Por eso se dice que podemos trazar infinitas curvas de indiferencia conformando lo que se conoce como mapa de curvas de indiferencia. Esta es la razón de que las curvas de indiferencia no pueden cortarse unas con otras dado que se rompe el principio del mismo nivel de utilidad.

La pendiente de la curva de indiferencia mide el número de hamburguesas a que el individuo está dispuesto a renunciar para conseguir otra película. El término técnico de esta pendiente es la Tasa Marginal de Sustitución, que nos indica la cantidad de un bien a la que el individuo está dispuesto a renunciar a cambio de una unidad más del otro. Esta relación aumenta o disminuye según la cantidad del bien que ya tenga el consumidor. Como a medida que nos desplazamos a lo largo de la curva de indiferencia aumentamos la cantidad de uno de los bienes, cada vez es necesaria una menor cantidad del otro bien para compensar el cambio, por ello que la pendiente de la curva se hace cada vez más plana. Esto es lo que se conoce como relación marginal de sustitución decreciente.

Por definición, a una persona le da igual encontrarse en cualquiera de los puntos de una curva de indiferencia dada, pero sí preferiría encontrarse en la curva de indiferencia más alta posible, dado que mientras más alejado del origen, mayor es el nivel de satisfacción. Sin embargo, lo que le impide alcanzar curvas de indiferencia más elevadas, es su restricción presupuestaria. En otras palabras, y como se muestra en la gráfica, la curva de indiferencia más alta que puede alcanzar una persona es aquella que toca la restricción presupuestaria en forma tangente (curva B de la gráfica). En este punto de tangencia, tanto la curva como la recta tienen la misma pendiente. Por lo tanto, en el punto de tangencia, la pendiente de la Tasa Marginal de Sustitución tiene el mismo valor que la relación de los precios relativos que indica la restricción presupuestaria. Tenemos así un principio básico de la decisión del consumidor: los individuos eligen en el punto en que la relación marginal de sustitución es igual al precio relativo.

La restricción presupuestaria significa que los bienes de un consumidor estan acotados por su renta. En este caso, puede gastar todo en hamburguesas (intersección con el eje vertical), o todo el ingreso en películas (intersección con el eje horizontal) La pendiente de esta restricción presupuestaria mide la velocidad (tasa de cambio) a la que un consumidor puede compensar un bien por otro, y está dada por los precios relativos de ambos bienes. Por eso que la restricción presupuestaria está determinada tanto por el ingreso del consumidor, como por los precios relativos de los bienes. Pero adquiere más sentido cuando incorporamos el análisis de las curvas de indiferencia, que son las que incorporan las preferencias del consumidor.

En El Blog Salmón | Consumidor, ¿Qué es la elasticidad de la demanda?

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

4 comentarios