La jerarquía de valores personales está por encima de la ética

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IC me ha recordado a la escena de Pulp Fiction que acompaña al post. Su origen proviene en la pregunta del millón de dólares: ¿qué ética debe imperar en una empresa?. La respuesta hay que pensársela dos veces desde luego, porque aquí nos encontramos como los gallegos, no sabemos si subimos o bajamos y por ende ni todo es blanco ni todo es negro.

Además, dobla la apuesta con una postura firme y con base sólida marcando el órdago pero no termina de enseñar todas las cartas:

para mi es un comportamiento antiético: el usar a las personas en beneficio de intereses ajenos a las mismas, mintiéndolas, engañándolas y ocultando los verdaderos fines que mueven a dichas acciones.

Incialmente parece una postura de lo más sensata, la más correcta a seguir, aquella en donde el valor por las personas pasa a un plano superior por encima del resto y marca esa línea roja que nunca se debe traspasar. Pero el problema proviene cuando no todas las personas somos iguales ni todas las personas tienen la misma posición dentro de nuestra escala de valores ¿deja ahí la ética de funcionar?

Acabo de extremar la situación en comentarios, anteponiendo la vida de un hijo frente a la ética de las “personas ajenas”, y en ese punto hay que respirar profundo, meditar la respuesta y ser sincero con nuestra escala de valores personal.

No voy a poner en duda la escala de valores de nadie, ni yo soy nadie tampoco para recriminar una actitud u otra, pero más allá de los límites de impuestos por la ética empresarial, tanto para trabajadores como empresarios, existe un estrato superior dirimiendo el comportamiento basado en una escala personal de valores. Además, estos valores pueden cambiar en el tiempo con cualquier acontecimiento positivo o negativo que nos ocurra.

Estas escalas, no tienen porqué ser compatibles, similares o siquiera parecidas de unas personas a otras. Unas nos pueden parecer sumamente correctas y gratificantes y otras nos pueden parecer aberrantes desde los pies a la cabeza. Os dejo para la reflexión un caso real para la meditación, dentro del ámbito económico. Me voy a tirar un envido y espero vuestras valiosas aportaciones.

Un profesional afín muy reputado y de moral intachable nunca anteponía su bienestar personal a la línea roja que ha marcado IC. Respetuoso, sincero y con un tratamiento a terceras personas realmente encomiable, tanto clientes como proveedores. De un día para otro, su hijo menor sufre una enfermedad muy grave que le va la vida en ello si no consigue 2 millones de euros en menos de un mes para intentar salvarle la vida en el extranjero.

Intentó conseguirlos mediante los caminos usuales, préstamos, sumar todos los recursos familiares, amigos y allegados pero ni por esas. Hasta que un día su ética se rompió en mil pedazos y consiguió los dos millones de euros con todas las malas artes que podáis imaginar dentro de su propia empresa. Sólo os digo que con todo el maremagnum cometió un asesinato a una persona que se antepuso en su camino, para que nos hagamos una idea de la dimensión del cambio.

Rompiendo con toda su ética y a sabiendas que todas sus acciones eran malas, consiguió el dinero necesario, salvó la vida de su hijo, se entregó a la justicia y está en la cárcel. ¿Es ético su comportamiento? ¿Es reprochable tener esa escala de valores? ¿Existirá una zona gris de valoración en cada persona que marque su destino? ¿No forman las empresas personas que velan por su propia escala de valores?. Después de mucho pensarlo, creo que yo hubiera hecho lo mismo en su situación…

Vídeo | Youtube
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En El Blog Salmón | Etica empresarial, juegos de guerra y el limón exprimido

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