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Carretera


Este viernes se aprobará el reglamento de la Ley del Suelo que pondrá coto a las expropiaciones a costes millonarios al dejar de tener en cuenta el uso previsto para el terreno, pasando a valorar tan sólo su uso presente.

Esta es a priori una buena medida si se lleva a la práctica de tal manera que el expropiado pueda adquirir un bien de similares características en otra ubicación para seguir usándolo como usaba el bien expropiado.

Pongamos un ejemplo muy simplificado de lo que debería ser una expropiación justa: Tengo un campo de naranjos en la periferia de la ciudad y la administración quiere hacer una aeropuerto ahí. Lo lógico es que me paguen lo que me va a costar un nuevo campo de naranjos, más el valor actual de los naranjos, deducido a partir de lo que me rentarían durante el tiempo que tarden los nuevos naranjos en producir lo que los actuales.

Esta norma debería hacer bajar los precios del suelo, y frenar la especulación que se ha producido también con los solares, y esta bajada del precio del suelo debería llevar aparejada una reducción en los precios de los inmuebles, parte esta sobre la que es imposible pronunciarse dada la insaciable codicia humana. Al suprimir la carga especulativa del valor del suelo, sólo quedaría la del valor de lo construído, pero la especulación sobre lo construido sólo la puede regular la demanda.

Es evidente que esta medida afectaría tambien al valor de las carteras de suelo de las inmobiliarias, ya que, aunque su valor de mercado se determine de acuerdo a otra orden, si el suelo por tasar va a tener presumiblemente un valor menor, eso contarerá el valor de lo que haya en cartera (sobre todo si se adquirió a precio de mercado y no a precio de suelo rústico días antes de una recalificación).

Parece injusto que si yo vendo un campo de naranjos por lo que me cuesta otro campo de naranjos y un poco más, y que quien me lo compra haga un edificio de 20 plantas y gane mucho más que lo que ganaba yo con los naranjos sin darme nada de ese beneficio extra que el obtiene. La cosa se ve menos injusta si los precios de los inmuebles bajan por la repercusión de un menor precio del suelo, y los beneficios se obtienen como beneficios sobre los costes de construcción. Si nos venden los pisos a los precios de cuando el suelo estaba más caro, la culpa va a ser de quien acepte esos precios, sin demanda los precios acaban por bajar.

Via | Cinco Días
En El Blog Salmón | Exprópiese señor alcalde, exprópiese
Imagen | Fran Carreira

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