Islandia, la breve Arcadia

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atardecer en Islandia

El último fin de semana, el suplemento dominical de El País le dedicaba un artículo a Islandia. Bueno, más que un artículo un panegírico. Oye, no había mejor país en el mundo. Maravilla de las maravillas. Si hiciese menos frío, y estuviese más al sur España carecería de problemas de inmigración ilegal. Todos estarían en Islandia. ¿Creéis que me paso? Cito textualmente

...el país con la sexta renta per cápita del mundo; en el que la gente compra más libros; en el que la expectativa de vida para los hombres es la más larga del mundo, y para las mujeres está entre las más altas; el único país de la OTAN que no tiene Fuerzas Armadas (se prohibieron hace 700 años); el que tiene la mayor proporción de teléfonos móviles por habitante, el sistema bancario que más rápidamente está expandiéndose en el mundo, el increíble crecimiento de las exportaciones, el aire cristalino, el agua caliente que llega a todos los hogares directamente desde las cañerías naturales de las entrañas volcánicas, y así sucesivamente.

Pero uno empieza a desconfiar cuando observa la ausencia total de tono crítico en el artículo. Repasándolo, me llamarón entonces la atención dos pasajes del artículo:

“Creo que hemos combinado lo mejor de Europa y lo mejor de Estados Unidos, el sistema de bienestar nórdico con el espíritu empresarial norteamericano”.

Mención especial a la economía del abejorro y su defensa, en el propio artículo.

Islandia no ha caído en las neurosis nacionalistas de otros países pequeños.

Tengo la sensación de que el autor, John Carlin, ha proyectado los deseos de buena parte del lector medio de El Pais, que convergen esa mezcla entre el sistema nórdico con toques norteamericanos. Seamos realistas, pidamos lo imposible.

Claro, en menos de una semana leo otra versión del asunto muy distinta en Gurusblog. A Islandia la crisis financiera le esta machacando. Los tipos de interés superan el 15%, en defensa de una divisa que cae un 25% y la Bolsa se lleva una torta de un 40%. Y Carlin entusiasmado con los nietos de los vikingos no hace ni mención. Tampoco explica que su pequeña dimensión, que es básica para su éxito, como ocurre en otros países nórdicos, le hace victima de los lobos del mercado divisas. Resulta barato apostar contra su moneda, alentados por una altísima tasa de endeudamiento y un fuerte deficit comercial. Pero claro, eso le estropeaba el artículo a Carlin.

Dicho lo cual, me caen bien los islandeses. Como dice una de las entrevistadas, deben ser imaginativos, porque si se quedan quietos, se mueren. Que les vaya bonito, pero que no nos vendan motos a su costa.

Foto | Deivis

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