
El desplome de la principal divisa mundial enmascara también la destrucción del euro y el yen dado que el sistema financiero internacional descansa en estas tres divisas hoy asociadas a economías profundamente debilitadas por la crisis. Este fenómeno tiene su origen en el caos desatado por el quiebre de Bretton Woods, único mecanismo de defensa sanamente juicioso ideado para contrarrestar los vaivenes del comercio. Y si ésto lo condimentamos con los fraudes y abusos de un sistema financiero que lejos de servir a la economía se sirvió a sí mismo, tenemos la tormenta perfecta que hoy vivimos y que amenaza con un tsunami devastador.
Desde los años 70, y sobretodo desde los años 80 gracias al golpe financiero de Ronald Reagan, el sistema se hizo cada vez más fraudulento y corrupto aprovechando las ventajas del dólar como divisa universal. Gran parte de lo creado fue producto de la burbuja especulativa amparada en la hegemonía del dólar y cuya característica fue la destrucción del empleo real y bien remunerado, a cambio de trabajo precario y mal remunerado. Estas son las causas materiales de la crisis, que sólo generaron ganancias a los lobbistas y manipuladores del sistema, y también a quienes supieron surfear aprovechando las corrientes de los tiempos. Todo eso se hunde en la historia y lo que hoy tenemos es el declive imparable del dólar y las otras divisas que también se ampararon en la usura y el pillaje.



