Ayer estuve en una de esas Catedrales del Consumo, llamadas Centros Comerciales. Como me sobraba tiempo, estuve vagabundeando por el mar de lineales. Así, por casualidad, me detuve al lado de una cabecera de góndola, donde se apilaban un montón de cajas con un nombre enigmático: Roboboa. ¿Qué demonios es esto me pregunte? El caso es que primero me leí el resumen de producto que veía en inglés, y por un momento pensé que lo tenía oxidado. No puede ser lo que estoy leyendo. Cuando encontré la traducción al castellano, mis dudas se disiparon.
