
La crisis financiera provocó una fuerte caída en la demanda global, hecho que obligó a los gobiernos a adoptar medidas reactivadoras para evitar un desplome mayor de la actividad económica y sostener la demanda. La aparente reactivación de los últimos meses es producto de esa contundente inyección de recursos fiscales. Estas medidas reactivadoras fueron sugeridas por el FMI y acordadas en las cumbres del G-20 de Washington pero, sobretodo, de Londres.
Aunque no existe aún un consenso sobre los impactos cuantitativos de los diferentes paquetes de estímulos aplicados en las economías del mundo, hay acuerdo en que estos planes han funcionado restableciendo la actividad y evitando un caos mayor. De las tres opciones: i) no hacer nada y esperar el desplome total, ii) reactivar con fuerza la actividad; y iii) actuar discrecionalmente, primó la última opción. De ahí que los resultados sean aún muy tímidos y que la actividad aún no sea capaz de autovalerse. A continuación, algunos de los paquetes de estímulo que han permitido a la economía mundial mantenerse en la línea de flotación (UCI) y salir del coma profundo tras el colapso financiero que estalló a mediados del año 2007.
