Qué bonito es lo de ser sponsor, o patrocinador, de un deportista famoso cuando este gana. Que fácil (que no barato) consigue la empresa notoriedad y reconocimiento. Y que inmanejable se vuelve esto en ocasiones. Había alguien que decía que lo peor que te puede pasar en una inversión publicitaria de este tipo no es que pases desapercibido. Lo peor es que te genere publicidad negativa. Y en el duelo Alonso-Hamilton se puede llegar a producir.
Como los hechos deportivos son suficientemente conocidos, pasemos a los empresariales. Hamilton se ha convertido en la nueva esperanza ¿blanca? de los mercados anglosajones: Joven, atractivo, hábil con los medios, insultantemente ganador, british,...Un producto de marketing ideal en uno de los deportes que mejor se mueve en estos terrenos. Alonso pertenece a un país con mucha menor influencia, en los mercados y en ese deporte, joven aunque hosco y reservado. La relación con los medios no es su fuerte, y menos cuando se le cuestiona dentro de su equipo.
