La mitad de los alumnos de quince años son incapaces de hablar un inglés básico. En caso de que se les examinara no serían capaces de obtener el título básico de la escuela de idiomas. Esta es la conclusión a la que han llegado en Cataluña, y dudo que en el resto de comunidades autónomas los resultados sean mucho mejores.
Hoy en día a los alumnos se les enseña inglés desde muy temprano, en algunos casos desde los seis años. A pesar de dedicar tanto tiempo y dinero en la tarea los alumnos no consiguen hablar inglés, algo falla. Las administraciones públicas deberían de plantearse por qué no se consigue que los alumnos sean capaces de obtener un nivel de inglés decente al acabar la educación obligatoria. Porque viendo los malos resultados obtenidos tal vez sería mejor dedicar menos tiempo al idioma extranjero y más a otras materias, matemática o lengua.


La Comisión Europea está preocupada por el hecho de que la Unión europea no sea una babel de lenguas, sino que se da un bilingüismo en muchos países (inglés y el idioma nacional) y un monolingüismo en los países cuyo idioma principal es el inglés. Esto se hace notar especialmente en las oficinas de la UE en Bruselas, donde el idioma más empleado es el inglés, superando incluso a los idiomas locales (francés y holandés, ya que Bruselas oficialmente es una ciudad bilingüe).
El inglés es la “lingua franca” de nuestro tiempo, el idioma de los negocios. En este mundo cada vez más interrelacionado, donde la información y las relaciones tienen un carácter cada vez más global, el dominio de este idioma se torna cada vez más imprescindible. Este es un argumento que hemos oído de forma recurrente en los últimos años. Y sin embargo, parece que no ha calado lo suficientemente hondo.