Bajo mi modesta opinión, capitalismo y liberalismo no son términos intercambiables a pelo. Dificil de entender al uno sin el otro, pero posible. Si apuro, diría que no puedo entender que haya unas mínimas dosis de liberalismo si obstaculizamos el capitalismo, la organización empresarial entorno al capital. Por tanto, y a pesar de que existen formulas viciadas del mismo y muy poco liberales, debo alegrarme de su supervivencia.
El capitalismo, y la ideología que lo impulso y dio forma, el liberalismo, han sido amenazadas constantemente. Ha habido momentos en que parecía estar acorralado y ha resurgido con una fuerza inusitada. Tiene una capacidad regenerativa tremenda, y se ha mostrado muy capaz de deglutir a sus supuestos enterradores, a veces con total crueldad.
Y no me refiero a crueldad física. Estoy hablando de crueldad ideológica. Al menos para algunos, como Paco Barranco:


Santiago Bernabéu construyó el estadio de fútbol más grande de España para lograr que el Real Madrid fuese el mayor club. En aquella época los ingresos de los equipos de fútbol dependían del número de socios y espectadores que acudieran a los partidos. Por tanto para obtener más ingresos había que tener un estadio con una mayor capacidad para albergar espectadores.