Las aerolíneas frente al precio del petróleo: Cobrar por las maletas

“No paro de sorprenderme ante la falta de creatividad y las malas decisiones en la gestión de las aerolíneas”, Claes G. Fornell, Universidad de Michigan.
Esta afirmación viene motivada por la decisión de American Airlines de cobrar una tarifa según el número de bolsas o maletas que se suban al avión (la primera costaría 15 dólares y así en progresión). El revuelo ha sido enorme ya que en USA esto no es visto con buenos ojos, más cuando las tarifas, debido al incremento en el precio del petróleo, no han parado de subir. Esto al final repercute en los costes de la aerolínea, y la única idea que se le ocurre a la dirección de las compañías aéreas son subir los precios, en vez de buscar otras alternativas válidas.
La tarifa en principio no se aplicará a los viajeros que compren la tarifa completa, que realicen vuelos transoceánicos, tengan billetes clase business o pertenezcan al programa de filiación de la compañía aérea, una parte pequeña del número total de clientes de una compañía. Por esta decisión seguramente empiecen a perder viajeros, por mucho que en USA en los vuelos domésticos la gente apenas viaje con equipaje. Y aunque esto no nos pilla de sorpresa en Europa, RyanAir es una de la compañías aéreas que emplea esta práctica, lo hace desde la perspectiva y el conocimiento de que en la mayoría de los casos ofrecen la tarifa más barata, por lo que se pueden permitir ciertas licencias.
Regreso a la idea de buscar otras alternativas válidas. Atacar el bolsillo del viajero, aunque sea con un precio irrisorio, obliga a éste plantearse ciertas cosas. Cuando Southwest dinamitó el sector creando las aerolíneas de bajo coste, y sacando a relucir la ropa interior de las aerolíneas tradicionales, lo hizo sobre un nuevo modelo de negocio y una competencia diferente a las compañías aéreas, los trayectos cortos por carretera, tratando de componer un precio que fuese justo teniendo en cuenta dos variables: tiempo del trayecto y precio de realizar el mismo en coche o en tren frente a volar. Sobre esas dos variables encontró un mercado con una necesidad grande por cubrir y sin pensar en los lujos que perdía no usando una aerolínea tradicional. De esas ideas, empezó a descontar en el precio todo aquello que el viajero no necesitaba, dándole además las mayores facilidades.
Si ahora una compañía aérea empieza a cobrar una tarifa adicional, sin que otros hagan el mismo camino, significa mandar clientes a la competencia, y no por el precio en sí, sino por el mensaje que envía: sacar dinero hasta de debajo de las piedras. En vez de darle una vuelta a la idea de volar y buscar un poco de creatividad en la oferta y el modelo de negocio, sigue el pensamiento tradicional, y la falta de ideas, que es lo que implica siempre rascar el bolsillo del cliente.
Normalmente la tendencia en USA se suele trasladar a Europa en cualquier mercado. Aunque tengo una cosa clara, si esa es la idea de las compañías aéreas de cómo superar la crisis de los precios del petróleo, mala impresión. La diáspora de usuarios hacia el empleo de otras formas de viajar u otras alternativas tecnológicas por parte de los clientes de business para la realización de reuniones, que son los que hacen rentables algunas rutas, puede convertir la solución en un problema mayor. Los pasos hay que medirlos hasta el más mínimo detalle.
Vía | Church of Customer
Más información | The New York Times
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A mi eso me está afectando de lleno.
No sólo Ryanair lo está haciendo. La otra aerolínea irlandesa (AerLingus) no sabe de donde sacar cuartos, así que han empezado a aplicar el mismo sistema pero con el agravante de permitir menos peso en cabina.
Total, que de Irlanda a España cuando acabo de sumar los pluses, me acaba saliendo mejor la mayor parte de las veces Iberia, y al menos me dan el periódico gratis.
Aunque hace unas semanas han cambiado también su política de equipajes, así que a lo mejor no les duro mucho como cliente.
Antonio, yo creo que esto hay dos formas posibles de interpretarlo. Una, es la que comentas en el post, pero hay otra visión más positiva desde el punto de vista de cliente, y esta interpretación me vino a la cabeza comprando un billete a Londres con Thomson Fly.
Hazte esta pregunta: Si yo viajo sin equipaje, ¿por qué pago lo mismo que alguien que factura 3 maletas?
Thomson lo tiene claro, una tarifa base que cubre el transporte de A hasta B, y pone a disposición del cliente una gran variedad de opciones de pago que puedes elegir (o no) a conveniencia: asientos con más espacio, equipaje adicional, catering a bordo, etcétera.
Creo que es una estrategia de precios acertada, y, si los costes de operación suben, prefiero que trasladen esta subida a usuarios que consumen más servicios que a todos por igual
clikAir lo está haciendo ya.
El problema no es que lo hagan, si no que no lo indiquen en el precio inicial del billete.
Es decir, existe (y además de forma reciente), una ley que prohibe expresamente engañar al cliente con precios falsos al inicio, para irlos subiendo a medida que avanza el proceso de compra.
Pues bien, clickAir añade, al precio del billete, nada menos que 3!! conceptos, a saber:
- el recargo del combustible
- las maletas
- una tasa por pagar con tarjeta (sólo te dejan pagar con tarjeta, no tienes más opciones)
a esto yo lo llamo, aparte de engaño, comportamiento ilegal.