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En el entorno complicado que estamos viviendo y el cuestionamiento del sistema económico de muchos, algunos quieren reinventar el sistema de mercado. Continuamos con nuestro deseo de ayudar a repensar el sistema actual entendiendo las bases, antes de tirarlas a la basura.

Algunos han llevado iniciativas de trueque donde quitan el dinero de en medio y tratan el intercambio de productos y servicios de forma directa. Los más avanzados lo han puesto en la web, dando credibilidad moderna a esta práctica tradicional.

El trueque ha existido desde siempre, desde que alguien produjo más de algo, que no necesitaba y que podía cambiar con alguien que tenía otra cosa que a mi me podría interesar. No sólo eso, el trueque sigue existiendo en la economía moderna.

Mi compañero Miguel, ha hablado en estas páginas en términos económicos del trueque y yo quiero hablar del día a día.

El problema es que, cuando quitas el dinero del medio, también quitas el sistema eficiente de fijar precios y, muy importante, de fijar precios relativos. El dinero se inventó por varias razones pero una de las más importantes es para fijar el valor de comparación de lo que produce mi hora de trabajo con relación a lo que produce la tuya.

Este problema nadie que ha querido quitar del medio el dinero ha resuelto.

Es fácil pensar, y en estos caen muchos, que una hora de trabajo es igual para todos y no debe tener distinto valor, sin importar lo que produzcas. Pero en un sistema de producción y de consumo no es posible ignorar lo que se produce y el valor que los consumidores dan a esa producción.

Vamos a utilizar un ejemplo muy simple, dos jardineros. Uno puede ser muy bueno y reconocido como tal y el otro muy malo. Todos los que necesitan servicios de jardinería buscarán recibir una hora del que mejor lo hace.

No es tan difícil pensar que, en algún momento, el que mejor lo hace estará empleado a tope y el malo recibirá los encargos que quedan. Tampoco debería ser difícil aceptar que el valor de la hora del bueno vale más que la del otro. Y esto con dos personas ofreciendo el mismo servicio.

Si yo soy uno de los jardineros, no voy a decir cuál de ellos, y estoy trabajando para un contable, estaría cambiando mis dos horas a la semana haciendo su jardín por dos horas a la semana de servicios de contabilidad. Y si no necesito dos horas a la semana de contabilidad, ¿cómo me va a pagar?

Como no necesito tantos servicios de contabilidad, le pediría los huevos o cerdos que el contable habría recibido por sus servicios de contabilidad al pollero y al granjero. Me tendría que dar media hora de huevos y media hora de cerdos, aunque no tengo muy claro cuántos huebos tendría al final.

De esa forma yo, como jardinero, recibiría huevos y cerdos, incluso sin tener que trabajar para el gallinero o el granjero.

Y todo esto si tomamos el valor de cada hora igual. ¿Realmente vale igual mi hora de jardinería que una hora del cirujano?

Por eso tenemos el sistema de precios, y al dinero que lo respalda, para fijar en números comunes el valor relativo de todo lo que se produce, el esfuerzo necesario para producirlo y la demanda que existe para la distinta producción.

Sin el sistema de precios, y el dinero que lo respalda, estaríamos mucho más pobres, mucho menos eficientes y la vida diaria sería mucho más complicada.

Como digo en el título, el trueque existe desde siempre y sigue existiendo, la ventaja del dinero es que nos da una medida común para entendernos en el intercambio.

En El Blog Salmón | ¿Por qué inventaron el dinero? y Arreglemos la crisis: volvamos al trueque
Imagen | walkering

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