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Esta mañana leí una interesante entrevista a Xavier Megarejo publicada por ElDiario.es en el que se compara la educación en España con la de Finlandia, país que debería ser nuestra referencia debido a los buenos resultados que obtiene cada año en los informes PISA de la OCDE. Me ha llamado especialmente la atención la orientación del debate hacia la figura del profesorado de los colegios e institutos y creo que puede dar lugar a un debate bastante interesante.

Coincido con Melgarejo en que el secreto del éxito de un modelo educativo reside más en el buen hacer de sus profesores que en cualquier otro factor. Así, en España puede haber mil reformas educativas pero hasta que no se haga especial hincapié en mejorar el rol de esta figura, ninguna dará los resultados deseados. Ser profesor en España, hoy en día, carece de sex appeal social y es una profesión poco respetada, sensación que se traslada con relativa gran facilidad a las aulas.

Como señalan en la entrevista, para llegar a ser profesor en Finlandia hay que tener una media superior a 9 en el bachillerato y la reválida, hacer tests y entrevistas personales para acceder a la facultad y demostrar la capacitación para el puesto de trabajo. Ese filtro es inexistente en España y ello se traduce en que muchos profesionales deciden dedicarse a este trabajo pensando exclusivamente en las catorce pagas y en los dos meses de vacaciones.

Generalizar es un error muy grave que intentaré evitar, pero esta situación da lugar a que personas incapaces se pongan al frente de un grupo de alumnos, con todo lo que ello implica. Quizás estas personas lleguen incluso a adorar su profesión, pero carecen de ese punto emocional que les impide vincularse con sus alumnos, condenando a estos a un proceso educativo nefasto y carente de resultados positivos.

Si a esta circunstancia le unimos el poco respeto que la sociedad en su conjunto le tiene a los profesores, planes educativos no pensados para aprender de ellos o el escaso interés de los padres en la educación de sus hijos, tenemos el cócktel perfecto para que nuestros adolescentes fracasen en su etapa educativa.

Caso aparte merece el tema burocrático de la educación. Mientras en Finlandia no hay más de 15 o 16 alumnos por clase, por ejemplo. Aquí en España te encuentras fácilmente con grupos de más de 30 alumnos en los que una tercera parte no quieren estudiar, cinco son hiperactivos y un par de ellos tienen problemas graves de aprendizaje que requieren un tratamiento más personalizado. ¿Como hace un profesional su trabajo en esas condiciones? En este aula metes a un profesor finlandés y por mucha cualificación que tenga lo primero que le da es un ataque de ansiedad intentando poner orden en la clase.

En definitiva, la lista de aspectos que habría que mejorar en la educación española es interminable, aunque si yo tuviera que quedarme con alguno resaltaría dos especialmente: la cualificación del profesorado e invertir la imagen que la sociedad tiene sobre estos en particular y sobre el sistema educativo en general. Desgraciadamente, no somos conscientes de que el éxito de un país descansa sobre la educación de sus habitantes. Cuando queramos darnos cuenta ya será demasiado tarde.

En El Blog Salmón | Un caballo de Troya en el sistema educativo español, El sistema educativo español hace aguas y ¿Es válido nuestro sistema educativo?
Imagen | scui3asteveo

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