Hace unos años cuando todos en el mundo de las telecomunicaciones hablaban de 3G y de la banda ancha, varios países subastaron licencias para operar en el negocio de la telefonía móvil y vendieron estos permisos por cantidades multimillonarias.
Como parte de la compra de estas licencias, las empresas ganadoras se comprometieron a efectuar inversiones para que sus redes móviles sean de lo más moderno y con cobertura completa. Estas se comprometieron a hacerlo siguiendo unos calendarios fijados por contrato.
Posterior a esas subastas, se vio que los servicios que salían en esto de 3G y banda ancha móvil no eran muy interesantes y se cobraban muy alto y, por lo tanto, los consumidores no tomaron estos servicios tan rápido como a las operadoras les hubiera gustado.

En su tercera edición, el Mobile World Congress (MWG) que organiza la asociación global de telefonía móvil GSMA y que hasta ahora se conocía como el 3GSM, se convierte en un referente tecnológico mundial de primera categoría. El cambio de nombre obedece a la ampliación de criterios: hasta ahora se trataba de un congreso muy centrado en las nuevas tecnologías de movilidad evolucionadas desde la telefonía móvil, las conocidas como tecnoilogías de tercera generación o 3G, pero actualmente se engloban otras muchas vertientes tecnológicas englobadas dentro del mismo concepto: la movilidad.
A finales del siglo pasado las compañías de telecomunicaciones vivieron un momento dulce impulsadas, fundamentalmente, por la aparición de dos nuevos elementos, aunque más que aparición fue comercialización masiva. Me refiero a Internet y la telefonía móvil. En diez años han cambiado por completo el mundo, y eso que parece que fue ayer cuando vimos las primeras vallas publicitarias con anuncios de ISP’s o aparecieron marcas como Airtel o Amena, ambas transformadas hoy en Vodafone y Orange.