
Como sabemos, las líneas aéreas son muy creativas en buscar formas de cobrarnos por servicios adicionales, por encima de los precios que publican. Estas no quieren cobrarnos los precios que piensan que deberían, por temor a que los posibles clientes tengamos claro lo que nos costará el vuelo y decidamos en contra.
Para evitar este riesgo, las líneas aéreas compiten con sus precios más bajos posibles intentando convencernos de lo barato que es volar y, luego, añaden otros cargos con la esperanza de que los clientes no nos demos cuenta que nos están intentando cobrar más del precio convenido.
Uno de los gastos más comunes que gustaba a casi todas las líneas aéreas, cuando el precio del petróleo estaba por los cielos, es el cobro adicional por cuenta de la subida en los gastos del combustible.


Hoy publica El País 