El derrumbre del sueño americano provocado por el dinero fácil tiene al mundo viviendo su peor crisis financiera. El desempleo para la economía estadounidense cobró en diciembre 680 mil nuevas víctimas y la ralentización o frenazo ha sido más violenta de lo esperado, mientras el déficit que se estima este año para los EEUU llega a los 1,2 billones de dólares. Todo un récord. Un déficit, además, que deberá ser financiado por el resto del mundo, especialmente China y Japón.
Mientras se discute intensamente sobre cómo resolver este problema inédito que, como ha expresado George Soros, tiene su origen en el propio sistema financiero, en su propio motor especulativo y generador de burbujas imparables alejadas de la economía real, se debate sobre los planes de estímulo y el impulso a la demanda. Y, a decir verdad, no hay consenso en que este remedio alivie la grave enfermedad del sistema. Nadie se atreve a dar pronósticos. Y si bien esta forma de intervencionismo no programado puede resultar nefasta, no existe otra alternativa.
