
Sabemos que la crisis que ahora estamos viviendo se debe, en parte, a que se siguieron los consejos de agentes cuyo único fin era enriquecerse a costa de los incautos que creyeron lo que éstos les contaban. Lo que pasa que entiendo que la bolsa, por lo general, aquellos que se ven bien afectados son los que invierten por su cuenta y riesgo, más de manera emocional que económica, sin mayor criterio que su dedo al aire para ver por donde sopla el viento. Creo recordar que un famoso inversor contaba una curiosaa anécdota. Por casualidad escuchó una conversación entre dos desconocidos en un bar que solía transitar, estaban hablando sobre sus inversiones en bolsa. El dueño del bar se le acercó, le conocía y sabía a lo que se dedicaba, y le comentó que uno de ellos era su electricista, le había soltado un soplo muy interesante y había invertido. Ese inversor salió del bar y lo más rápido que pudo vendió sus acciones. No le olía bien que gente ajena a su mundo mostrase ambición y avaricia de una manera tan clara. A la semana, la bolsa se pegó un buen revolcón, presa del pánico y el miedo de esas personas que no habían medido su riesgo. Ellos habían perdido su dinero, el inversor había dejado de ganar, si podemos resumir así el mercado de valores.
Todo el mundo equipara los acontecimientos de ahora con el crack del 29, la mayor diferencia con áquel es que nadie se está suicidando ni tirándose de los balcones de los hoteles, pero conviene rebuscar en la historia y encontrar alguien que nos cuenten cómo se vivió todo aquello, incluso en España, tenemos la tendencia de no creer que hay crisis hasta que no toca de verdad. La vivencia, de manera indirecta, pero que habla a las claras que el pánico entraba y afectó a España, la cuenta magníficamente Enrique Meneses. Y el ejemplo del que hablaba más arriba, en la parte que Groucho Marx contaba en su autobiografía (Groucho y yo, que es como la de Enrique un manual de la vida), sobre la manera que escogía para invertir en bolsa.
