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Aprendiendo de la crisis del 29, Groucho Marx y Enrique Meneses

Aprendiendo de la crisis del 29, Groucho Marx y Enrique Meneses
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Sabemos que la crisis que ahora estamos viviendo se debe, en parte, a que se siguieron los consejos de agentes cuyo único fin era enriquecerse a costa de los incautos que creyeron lo que éstos les contaban. Lo que pasa que entiendo que la bolsa, por lo general, aquellos que se ven bien afectados son los que invierten por su cuenta y riesgo, más de manera emocional que económica, sin mayor criterio que su dedo al aire para ver por donde sopla el viento. Creo recordar que un famoso inversor contaba una curiosaa anécdota. Por casualidad escuchó una conversación entre dos desconocidos en un bar que solía transitar, estaban hablando sobre sus inversiones en bolsa. El dueño del bar se le acercó, le conocía y sabía a lo que se dedicaba, y le comentó que uno de ellos era su electricista, le había soltado un soplo muy interesante y había invertido. Ese inversor salió del bar y lo más rápido que pudo vendió sus acciones. No le olía bien que gente ajena a su mundo mostrase ambición y avaricia de una manera tan clara. A la semana, la bolsa se pegó un buen revolcón, presa del pánico y el miedo de esas personas que no habían medido su riesgo. Ellos habían perdido su dinero, el inversor había dejado de ganar, si podemos resumir así el mercado de valores.

Todo el mundo equipara los acontecimientos de ahora con el crack del 29, la mayor diferencia con áquel es que nadie se está suicidando ni tirándose de los balcones de los hoteles, pero conviene rebuscar en la historia y encontrar alguien que nos cuenten cómo se vivió todo aquello, incluso en España, tenemos la tendencia de no creer que hay crisis hasta que no toca de verdad. La vivencia, de manera indirecta, pero que habla a las claras que el pánico entraba y afectó a España, la cuenta magníficamente Enrique Meneses. Y el ejemplo del que hablaba más arriba, en la parte que Groucho Marx contaba en su autobiografía (Groucho y yo, que es como la de Enrique un manual de la vida), sobre la manera que escogía para invertir en bolsa.

Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo:- Hace un ratito han subido dos individuoss, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: "Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation". Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batín. - En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa - dijo -. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. - Harpo - dije -, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros! De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batín, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.

Imagino que con las subprime, la vorágine de la que habla Groucho Marx, como el riesgo de ciertos empresarios que no supieron contener los costes en su proyecto, ya por 1929, es algo parecido. Entonces, se sacaron lecciones claras, se reformó el sistema y el control en los mercados de valores, y se realizaron hallazgos para controlar mejor el riesgo. Del mismo modo, se depuraron los empresarios, hasta el punto de que se tomaron en cuenta las previsiones y se miró al futuro en cualquier tipo de análisis. Es historia, en dos biografías espléndidas, que se repite cada equis años. Por mucho que no queramos verlo.

Vía | Bolpress Más información | Alejandro Suárez

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