Ya hemos hablado varias veces de los problemas que Ferrovial está teniendo en Reino Unido tras su compra de BAA (la antigua British Airports Authority), que gestionaba 19 aeropuertos en el mundo, incluyendo Heathrow y Gatwick, las dos grandes en Londres.
También hemos hablado de las críticas recibidas, la gran mayoría injustas, ya que los problemas, que son reales, que sufren los consumidores y las líneas aéreas con BAA, existían bastante antes de la compra de BAA por parte de Ferrovial.
Uno de los retos que BAA se está afrontando ahora es que, con las muchas críticas vertidas, el regulador se ha envalentonado y está mirando con lupa las inversiones que BAA debe efectuar y qué tarifas le permitirán fijar.
BAA son dos negocios, el regulado y el no regulado. El primero es el puramente logístico de controlar las entradas y salidas de las aviones y el maneje de seguridad y, con estos, el regulador tiene mucho poder sobre qué inversiones puede exigir y qué tarifas permitirá.
La segunda parte del negocio, el no regulado, es todo el resto, liderado por toda la parte comercial. Todos los que hemos pasado por alguno de los grandes aeropuertos de Londres, vemos que este otro negocio es muy importante, y necesario, ya que sería muy aburrido pasar por estos aeropuertos con las esperas de siempre y sin estos productos y servicios ofreciéndonos diversión.

Hace meses, Ferrovial cerró la compra de BAA, la empresa que gestiona todos los aeropuertos importantes de Londres (Heathrow, Gatwick y Stansted) y otros. Desde el momento de que anunció la compra, la empresa española empezó a recibir críticas de distintas fuentes locales. Se oyó gritos sobre su falta de experiencia en el sector, siendo BAA la más grande del mundo, y de algunos que no querían que una de sus empresas caiga en manos extranjeras, aunque era europea. ¡Ese nacionalismo económico otra vez!