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El anunciado plan de la Fed para reactivar la economía de Estados Unidos que comentábamos ayer no sólo es una medida desesperada sino que también es un arma de doble filo. Las devaluaciones competitivas son siempre una estrategia de lucha contra la crisis en los momentos de contracción económica que benefician al país que la aplica y hacen daño a los socios comerciales. Su objetivo básico es abaratar las exportaciones y encarecer las importaciones para mejorar el saldo de la balanza comercial y disminuir la deuda.

En rigor, esto es lo que podrían hacer Grecia, Italia y España si fueran países con una moneda soberana. Pero su anclaje al euro se los impide. Y pese a que al devaluar el dracma, la lira o la peseta, se generaría una importante recuperación económica en estos países, es la obediencia a los dictados de la UE lo que los hunde más en el pantano. Son los costos de endosar la soberanía monetaria al hipotético Estados Unidos de Europa, algo que los Estados Unidos de América si poseen. Y a la luz de los interesantes comentarios sobre la reciente acción de la Fed, va esta reflexión sobre los alcances de mediano plazo que puede tener la nueva devaluación del dólar.

Una devaluación siempre tiende a abaratar las exportaciones, encarecer las importaciones y fortalecer el mercado interno, lo que implica una mayor demanda y un aumento en el empleo. En este caso la acción de la Fed responde plenamente a la idea de un plan de estímulo. Si Grecia, España o Italia pudieran abaratar sus exportaciones al resto del mundo, sin duda que las economías de estos países experimentarían una recuperación vigorosa. Como han renunciado a su soberanía monetaria esta posibilidad no existe.

Estados Unidos, sin embargo, es un país que cuenta con una moneda soberana y la devaluación le ayuda en su objetivo de estimular la economía. Para este país, una disminución en el valor de la divisa no sólo puede impulsar las exportaciones y el mercado interno (y mejorar la situación del empleo) sino que además le ayuda a licuar la deuda con el resto del mundo dado que ésta, en gran parte, está en dólares. Por ello los países tenedores de dólares como China, Japón o Brasil se verán afectados por una disminución en el valor de sus reservas en dólares.

Un juego de casino para generar inflación

Pero esta devaluación del dólar debemos también verla como un juego de casino en el cual Estados Unidos traslada la crisis a sus socios comerciales, con los peligros de que esta vez los socios comerciales no están en condiciones de absorber una crisis dado que ya tienen una muy profunda en sus narices. De ahí que esta nueva devaluación del dólar sea una pésima noticia para los países europeos. Lo último que necesita Europa en estos momentos es un euro fuerte. Además, el proceso de una moneda fuerte siempre está ligado a la especulación financiera y la creación de burbujas como podemos apreciar en la apreciación del euro desde octubre de 2000 a abril de 2008 (ver gráfica).

Esta nueva devaluación del dólar aspira también a otro ansiado tema monetario que es el de generar inflación para crear las condiciones del necesario impulso al alza de la tasa de interés. Con tasas de interés reales en torno a cero y viviendo en plena trampa de liquidez, la economía está empantanada en un curso deflacionario donde se postergan las decisiones de consumo e inversiòn dado que comprar o invertir mañana será más rentable y barato que comprar o invertir hoy. Si se genera un impulso inflacionario del orden del 4% 5 por ciento, las decisiones de consumo e inversión se adelantan para el presente dado que el presente “se hace más barato”.

Como he señalado en otros artículos, la trampa de los precios fijos y las metas anti-inflacionarias de los bancos centrales alentaron la especulación y las burbujas en otros mercados como el inmobiliario y la renta variable. Un proceso que se convirtió en una verdadera trampa de liquidez con el trauma deflacionario de la post-crisis. La manera de inyectar dinamismo a la economía y aumentar el consumo y el empleo pasa por un retorno de las expectativas inflacionarias.

Esta receta encierra muchos de los peligros advertidos en el post anterior. Desde la guerra de divisas que puede declarar el BCE al desplegar un arsenal monetario de grandes proporciones, o las acciones devaluatorias que pueden emprender también los países asiáticos, de los cuales ya se ha pronunciado China y Japón. Recordemos además las críticas que se hace siempre a China “por manipular el yuan” cuando Estados Unidos hace lo mismo.

La diferencia de la actual devaluación frente a otros episodios devaluatorios es que hoy todo el mundo está en crisis y cada país quiere tener la ventaja del dinero barato para superar sus problemas. Es una guerra de divisas en la cual nadie está a salvo. Y es un serio peligro para los países europeos dado que un euro fuerte es la mayor amenaza para Alemania. Y si el núcleo europeo se ve afectado con mayor razón lo serán los países de la periferia.

En El Blog Salmón | Cómo y por qué estamos en una guerra mundial de divisas, Guerra de divisas

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