
En una cadena de sucesos altamente desafortunada, la crisis griega va de mal en peor y profundizando la crisis europea que ya ha sido declarada como una recesión por el FMI, sumándose a las palabras del Banco Mundial. Grecia está a la vanguardia de la crisis europea y potenciando la desaceleración de la producción, el comercio y el empleo. El país heleno se encuentra en estado de coma desde hace meses y se le mantiene artificialmente conectado al euro con una tensa y conflictiva relación con la banca, que se niega a perder los beneficios de los CDS.
En los 10 años desde la creación del bloque, los países de la periferia europea gozaron de numerosos beneficios como el acceso al crédito a bajo costo y las importaciones de Alemania a precio de ganga. Los flujos de capital que socorrían generosamente a Grecia, Irlanda y Portugal, alimentaron los flujos de comercio que beneficiaron a los países exportadores como Alemania. Así, mientras Alemania crecía con las ventas y llenaba sus arcas financieras, facilitaba los mecanismos para que su sistema financiero volcara dinero barato a la periferia. Con ello proliferaron los desequilibrios monetarios.











