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En la inauguración del nuevo edificio de la prestigiosa London School of Economics, la reina Isabel II de Inglaterra le preguntó a uno de los profesores, cómo era posible que los expertos en economía no hubieran previsto la crisis, “¿Porqué nadie predijo este descenso?, dijo. El profesor contestó diplomáticamente que “En cada etapa, alguien confiaba en otro alguien, y cada uno pensó que hacía lo correcto”. La monarca, que según la prensa no opina sobre asuntos económicos o políticos, describió la situación como “horrible”. Y tiene sus razones: se estima que la familia Windsor ha perdido 50 millones de euros con la crisis.

La respuesta correcta hubiera sido: hubo muchas advertencias, pero ninguna fue escuchada. En diciembre de 1997, poco después de estallada la crisis asiática, se señaló que el mundo enfrentaba la peor crisis económica desde 1930 y nadie tomó las medidas para evitar que se repitiera. Menos Alan Greenspan y el FMI. Con la caída de Long Term Capital Management, en 1998, quedaba claro que la desregulación financiera tarde o temprano llevaría al mundo al colapso.

Un informe del FMI de febrero del año 2000, demuestra que se sabía de los problemas de estructura del mercado como el alto apalancamiento, el riesgo inherente a la expansión de los derivados, los déficit de conocimiento de los reguladores y la fuerte probabilidad de que se produjera una gran crisis. En uno de estos informes sobre experiencias de liberalización de capital, el FMI sostiene que:

“Aunque fue influenciada por la estructura de los modernos mercados de capital, las recientes turbulencias comparten algunas características con anteriores episodios de tensión financiera. A medida que los inversores estaban crecientemente dispuestos y capacitados para asumir niveles más altos de riesgo y, como en anteriores episodios, un relativamente menor y no relacionado suceso sirvió como gatillo para un rápido aumento del riesgo y el desplome de la euforia. La turbulencia, en síntesis, incluyó los tradicionales elementos de los ciclos de boom y caída que han sido comunes en la historia financiera”

El FMI también era consiente del elevado grado de apalancamiento de las operaciones financieras:

“La incertidumbre acerca del nivel de apalancamiento en el sistema financiero global, complica una evaluación más amplia del riesgo. Como demostró la turbulencia, el apalancamiento puede magnificar pequeñas perturbaciones y propagarlas a través de los mercados de un modo impredecible…. Si hay un apalancamiento sustancial en el sistema, una corrección en el mercado de valores de los Estados Unidos podría dar lugar a correcciones en mercados financieros en todo el mundo, lo cual podría entonces volverse contra los mercados estadounidenses. Es difícil calcular qué tan lejos puede llegar un ajuste de esa clase”.

Por correcciones, debemos entender los ajustes que provocan las crisis.Con ello, el Organismo ponía en cuestión la inadecuadas pautas regulatorias para contener el riesgo sistémico, explicando que “las tres líneas de defensa contra el riesgo sistémico: disciplina del mercado, supervisión prudencial y regulación y supervisión macro, se demostraron inadecuadas para evitar el crecimiento de las vulnerabilidades durante los dos años precedentes a la crisis asiática”.
Y el informe continuaba: “Esto se debe a que las instituciones financieras tienen ventajas sobre los reguladores. La competencia empuja a las firmas a crear nuevos productos financieros utilizando tecnologías financieras e informática de punta, y ellos tienen más conocimiento sobre su propia posición y estrategia de comercio que sus supervisores. En esencia hay asimetrías entre los reguladores y los regulados en el entendimiento de los cambios en el negocio financiero y en la aplicación de nuevas tecnologías financieras y de información”.

Este texto, de hace nueve años, resulta plenamente coincidente con lo planteado por Hyman Minsky cuando expresó que los mercados financieros son altamente inestables y que requieren de una regulación que evolucione a la misma velocidad con que lo hacen las innovaciones financieras.

El Fondo cita un comentario sorprendente del propio Greenspan que dice (en 1999): “Nosotros todavía no entendemos completamente la dinámica del nuevo sistema. Estamos aprendiendo rápido y necesitamos actualizarnos y modificar nuestras instituciones y prácticas para reducir los riesgos inherentes en el nuevo régimen”.

En las últimas décadas la complejidad de las operaciones del mercado financiero aumentaron por dos factores: el desarrollo de las tecnologías de cálculo y la incorporación de profesionales ajenos al medio como matemáticos e ingenieros que diseñaron nuevos instrumentos y complejizaron los ya existentes. Ahora que la crisis invade a todos los países, comienzan a descubrirse los silencios y omisiones perpetrados durante una década. Este informe del FMI es una prueba de ello y nos permite la sospecha de que esta crisis fue perfectamente planeada.

Más información | Fondo Monetario Internacional Country Experiences With the Use and Liberalization of Capital Controls, International Capital Markets
Imagen elfis

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