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Mucho se ha discutido y se discute sobre los salarios, el trabajador casi siempre cree que cobra poco, al empresario casi siempre le parece que paga demasiado. Siempre hay un punto de equilibrio y es aquel en el que el trabajador percibe que lo hace vale lo que cobra y el empresario sabe que lo que le paga vale lo que le cuesta.

A la hora de determinar un estipendio justo se vinculan los salarios con la productividad a veces de maneras perversas, confundiendo productividad con beneficio neto, beneficio neto con facturación… de forma que parece que al final para ser productivos los salarios, como las materias primas, y los demás gastos han de ser lo más bajos posibles, y esto no ha de ser así si lo que se busca es la competitividad.

La tendencia lógica y natural del empresario que busca ser competitivo es minimizar gastos y maximizar beneficios. Entre los gastos que afectan a cualquier actividad empresarial están los salarios, y dentro de una misma empresa hay varias clases de trabajadores según la gente que tengan a su cargo, los voy a dividir en tres grupos fundamentales con las características de cada uno.

Directivos y ejecutivos

Están en el escalón más alto, toman las decisiones, son los responsables máximos del funcionamiento de la empresa y cobran en función de esa responsabilidad, aunque algunas veces no la asumen y culpan de sus errores al escalón siguiente. Su objetivo último es aumentar beneficios, siempre hay que ganar más que el año anterior, otra cosa que no sea eso, es un fracaso. Sus salarios los deciden entre ellos, y siempre les parecen justos.

Partiendo de la base que el crecimiento infinito es imposible, sus objetivos no son sostenibles indefinidamente, pero eso no les preocupa, ansían el crecimiento indefinido y no dudan en recortar lo que sea para que las cifras sean siempre positivas.

Mandos intermedios

Están en medio y su labor es conseguir tener contentos a los de arriba y lograr los objetivos que estos les imponen. Tienen cierto margen de maniobra, y asumen las responsabilidades de los directivos, el riesgo es grande pero las bonificaciones son buenas. Sus salarios se vinculan a la consecución de los objetivos impuestos, son justos en la medida en que se reconocen los esfuerzos, lo que permite que trabajen motivados.

Trabajador base

Son considerados meras herramientas, son prescindibles e intercambiables, su valor es escaso y sus salarios también. Son los primeros en acusar las crisis, y los últimos en notar los periodos de bonanza. Su salario es injusto, se vincula a un índice externo (IPC) que supuestamente protege al trabajador y le permite mantener su poder adquisitivo (lo que es objetivamente falso), no se reconocen ni se valoran sus esfuerzos ni sus méritos. En esas condiciones no es extraño que la productividad sea escasa, que las bajas se prologuen lo más posible, y que se remolonee siempre que se pueda. El único incentivo del trabajador es el miedo que se les infunde a ser despedidos, trabajan para no ser despedidos, ¿eso es motivación?

El salario justo para el trabajador base debería ser aquel que reconociese su esfuerzo su valía y su dedicación, que lo premiase adecuadamente de tal manera que eso aportase desde la base valor añadido a la empresa, trabajadores orgullosos de lo que hacen, que trabajan por el beneficio de la empresa, porque ese es también su beneficio; que se esfuerzan por mejorar, por hacer en cuatro horas lo que ayer hacían en cinco y además lo intentan hacer mejor. Pero esa visión no la hay en España.

Esto es lo que falla en el tejido empresarial español, esto es lo que hace que, pese a ser los que más horas pasamos en el puesto de trabajo seamos los menos productivos, los menos competitivos. Los salarios de base son de los más bajos de Europa, sin embargo, para los que están en sus sillones de cuero y en sus yates de lujo, esos salarios deberían ser más bajos para ser más competitivos, y entonces llega la deslocalización: si aquí no podemos pagar aún menos, despedimos a gente para contratarla en otros países, da igual que la calidad del servicio o del producto se resienta.

Ante esta situación el trabajador poco puede hacer, quienes los deberían repesentar, desde los sindicatos a los gobernantes, están en cierto modo atados de pies y manos, los sindicatos porque cobran de la empresa, y no pueden ir contra ella, los gobiernos porque tienen que ceder ante la amenaza de la deslocalización, amenaza que ya es realidad.

En El Blog Salmón | Los salarios vinculados al IPC ¿aumentan las desigualdades sociales?
Imagen |Fran Carreira

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