Siempre se entiende que, en momentos de crisis en una zona pobre, los que más sufren son los que menos tienen y, si la crisis ha sido relacionada con la naturaleza (tsunamis, tormentas, huracanes, terremotos), habrá necesidad urgente de ayuda internacional.
En esos momentos, la reacción más normal es enviar todo lo que se necesita, agua, comida, etc.
El problema con estas reacciones es que suelen olvidarse de la situación local y de la estructura de la economía local. En situación de necesidad urgente, se empieza a enviar toneladas de comida y de otros productos que son distribuidos gratis y que, como resultado, tiene el resultado de inundar los negocios locales, que ven a su poco mercado inundado por productos gratis.
Especialmente los agricultores y los pequeños comercios ven sus negocios impactados muchas veces de forma terminal.


En estos días de catástrofes en más de un lugar, antes Katrina y Rita ahora los terremotos en Pakistán y las inundaciones en Guatemala el mismo fin de semana, el mundo debe organizarse para maximizar la ayuda que los países se pueden permitir y deben realizar y, al mismo tiempo, deben maximizar la eficiencia de esta ayuda.