La rebaja en la calificación de crédito para Estados Unidos ha llegado en un momento particularmente delicado que nos ayuda a comprender la actual pandemia financiera, el colapso monetario, y la contracción global en marcha. Si la semana pasada recordábamos el cuarto aniversario de la crisis subprime que desató la actual crisis financiera, hoy debemos recordar el fin del acuerdo de Bretton Woods decretado por Richard Nixon el 15 de agosto de 1971 y que constituye el origen del actual desorden financiero mundial.
Bajo el régimen de Bretton Woods, todas las monedas estaban vinculadas al dólar, el que a su vez estaba atado a un precio fijo en oro. Los bancos centrales tenían el derecho de convertir sus tenencias de dólares en lingotes de oro, a razón de 35 dólares la onza. Pero para 1971, en medio de las dificultades económicas producidas por la guerra de Vietnam, Estados Unidos decretó la inconvertibilidad del dólar en oro, y cerró la ventanilla de cambio a los banqueros centrales del resto del mundo. Con esto llegó la era del papel moneda, del dinero fiduciario, de las tasas de cambio flotantes que alentaron la especulación y la concentración de la riqueza.




El director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, dice que hay que aprender las lecciones de lo que estamos sufriendo en los mercados financieros internacionales.
Como hemos comentado en estas páginas, la forma de selección de los líderes de las organizaciones establecidas en


