El primer programa, que no fuese una serie, que me engancho a Cuatro, fue el injustamente olvidado Oído Cocina. En el, un grupo de jóvenes con fuertes carencias formativas, afectivas, etc (como el hijo de alguna famosa, pero sin dinero) tenían la oportunidad de formarse con grandes profesionales del mundo de la Cocina, con la colaboración de una ONG. El proyecto culminaba con el montaje de un negocio conjunto, donde estos chicos podrían encontrar su futuro profesional. Me impacto: Creo que en el estaba el germen del éxito de Supernanny. Nos gusta ver como alguien puede cambiar su destino, como con disciplina, trabajo y amor, se puede salir adelante. Si ademas hay niños de por medio, y estos son tratados en general con delicadeza, el éxito estaba garantizado. Supernanny ha marcado estilo en la TV española, en su propia cadena y en otras como La Sexta, dando lugar a programas de todo tipo, desde los apreciables hasta los directamente aborrecibles. En todo caso creo que ninguno llega a la altura de Supernanny, ni tiene la frescura de Oído Cocina.
Esta moda es paralela a otra que estamos viviendo en el mundo empresarial. El coaching se ha convertido en el palabro de moda en el mundo de la consultoría (lo mismo que en su día ocurrió con el despliegue de objetivos, la reingenieria, etc…). Si no tienes un coach no eres nadie, si la empresa no te involucra en un proceso de características es que no cuentas para ella. Se trata ademas de un campo de batalla donde muchos pequeño consultores han visto que pueden enfrentarse a las grandes firmas, donde los medios no marcan la diferencia. La diferencia la marca el coach, o la persona que forma a los coachs internos de la empresa. Y ahí esta la clave del asunto, que no todo el mundo puede ser un buen coach, por mucho que haya ido a un buen curso. No todo el mundo puede ser Williams en El Club de los Poetas Muertos.
