Hace unos cuantos años, cuando comenzó el boom de la inmigración en España, tuve una charla con un directivo del mundo del seguro. Por aquel entonces, parece que a diferencia de lo que ocurre hoy en día, los inmigrantes ilegales no acudían con frecuencia a la Sanidad Pública. En parte quizás por miedo a que se descubriese a su situación irregular, en parte porque quizás no tenían tan claro los derechos de los que gozaban o que posteriormente se les reconocía. El caso es que este segmento de la población era una de las apuestas de las compañías de seguros a la hora de comercializar los seguros médicos privados, que, entre los españoles, y salvando colectivos concretos y determinadas entidades regionales, no destacaban por su penetración en el Mercado.
Supongo que ahora ese caladero se les ha agotado. Pero resulta que cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Y resultaque algunos han encontrado en este colectivo el medio ideal para resucitar un clásico del seguro que estaba moribundo: El seguro de decesos, sobre el que ya habíamos comentado que estaba algo pachucho.

