El nuevo gobierno italiano de izquierdas acaba de recibir la primera prueba sobre su nueva política económica. Una parte importante de esta era flexibilizar el mercado italiano de servicios y abrirlos a más competencia y a menos regulación.
Como parte de este plan, eligieron los gremios monopolísticos de los abogados, las farmacias, los notarios, los panaderos y los taxistas. El plan era reducir las barreras de entrada a estos servicios, moderando costos y flexibilizando su funcionamiento.
Empezaron con los taxistas. Como sólo hay 40.000 taxis para una población de 59 millones, a 1 taxi por 1.475 personas, la licencia se ha convertido en un patrimonio familiar, a transferir como herencia o vender como un activo valioso, valorado en aproximadamente €200.000.
