En las últimas semanas, la prensa ha estado llena de la proyectada venta de Opel, el negocio europeo del fabricante estadounidense, General Motors que, cuando anunció la venta, estaba en situación financiera grave.
El proceso de venta no duró mucho, incluso con varios pretendientes interesados, y no tardó mucho la elección de la canadiense, Magna International, acompañada de varios socios.
Inmediatemente después de acordar la compra, Magna anunció sus condiciones. Estas eran, primero, recibir ayudas de gobiernos europeos donde tenían plantas de fabricación para asegurar su continuidad. Segundo, que los trabajadores deberían aceptar concesiones en sus condiciones de trabajo, horas y sueldos, para ampliar la productividad de las plantas, reducir los costos y, en algunos casos, aceptar cerrar plantas y/o reducir empleo.
Con eso, Magna inició un proceso de reuniones, con políticos y con sindicatos.


