
Decían los antiguos romanos, en relación con su concepción del Derecho de Propiedad que, en el caso inmobiliario, ese derecho se extendía desde el cielo hasta el subsuelo. Era absorbente. Todo lo que estaba por encima y por debajo de la superficie, absolutamente todo, pertenecia al propietario. Hasta el infinito y más allá, que dirían en Toy Story.
Resulta evidente que no es esa la concepción del Derecho de Propiedad en nuestro Ordenamiento Jurídico, mucho más limitado , modulado, etc. Y, sin embargo, mientras la legislación actual recorta una y otra vez las facultades de los propietarios inmobiliarios invocando pretextos varios, hay otros derechos de propiedad, los intelectuales o de marcas que se están convirtiendo en agujeros negros que se tragan todo lo que hay alrededor. Así, en la vertiente de la propiedad intelectual tenemos a los chicos del canon, a arquitectos-estrella, etc. De esos ya hemos hablado, y quizás ahora toca mentar al mismo fenómeno en la propiedad industrial.

Nintendo ha presentado sus beneficios de 2007 y estos han sido espectaculares, gracias a su liderazgo en el mercado de las consolas de última generación, con su aclamada Wii, y en menor medida gracias a su dominio en el segmento de consolas portátiles con la Nintendo DS.
Parece mentira que los señores de Nintendo aprendan mejor de sus fracasos que de sus éxitos. Hemos comentado alguna vez el acierto que ha supuesto para esta compañía la fortísima apuesta por la innovación en su consola Wii, saliendo de la carrera por los gráficos y el rendimiento y creando una nueva ventaja competitiva, la que aporta su mando que traslada los movimientos reales del jugador a la pantalla. Esto, junto con el arrasador efecto Brain-Training, ya les hizo 

